Pupitres y sillas viejas y oxidadas son utilizados por niños de tercero a séptimo año de básica.

Beatriz Germán, de 10 años, alza la tabla que le ha servido de asiento durante casi todo el año lectivo en su aula de sexto año básico de la escuela fiscal Mario Zambonino, ubicada en Lotes de la Alegría, en el km 8½ de la vía a Daule.

“No se nos ha dañado el uniforme pero sí nos hemos ido algunas veces para atrás”. Lo dice mientras señala a su compañera Analía Coello, de 11 años, con quien comparte la banca que está destruida.

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En las mismas condiciones está el pupitre de Tania Pinargote (10 años) y Cristian Contreras (11) y la de casi la mayoría de sus demás compañeros.

“Quisiéramos bancas y mesas nuevas”, dice Nicole Vera, de 9 años, mientras se acerca a su pupitre despintado y viejo.

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Otros niños, como Xavier Cedeño, de 10 años, ocupan sillas de madera que ni siquiera poseen respaldar. La mañana del pasado jueves escuchaba la clase apoyando su espalda en uno de palos donde debía estar colocado un respaldar.

Tímidamente, con la cabeza, el pequeño afirmó que no acostumbraba a sentarse en esa banca que se asemejaba más a un esqueleto de madera.

Y es que el tiempo ha contribuido al deterioro de este mobiliario que fue entregado hace diez años por el Proyecto Básico Educativo del Ministerio de Educación.

Los pupitres bipersonales con restos de cubiertas de fórmica fueron entregados por el Gobierno y algunas viejas sillas de madera fueron donadas en 1995 del Club Rotario Guayaquil Occidente.

“Fueron 50 sillas con sus respectivas mesas de madera, de las cuales quedan muy pocas que aún se deben usar por la falta de mobiliario”, comenta Carlos López Ulloa, director del plantel.

Los alumnos de séptimo año utilizan bancas metálicas unipersonales que también fueron donadas en 1990 por el Club Rotario Guayaquil Occidente.

Ulloa se siente agradecido por la Unidad de Proyectos de Vinculación con la Comunidad, que es ejecutora de la obra del convenio entre la Universidad y el Municipio de Guayaquil y el Ministerio de Educación.

“Ellos nos remodelaron la escuela y nos entregaron mobiliario para preescolar, primero y segundo de básica”, afirma.

Sin embargo, la necesidad de mobiliario continúa para los cursos de tercero hasta séptimo año básica. Las bancas y pupitres inservibles permanecen arrumados en el patio.

Ulloa espera que el Departamento de Bienes de la Dirección Provincial de Educación retire estas bancas.