El presidente del Ecuador, Rafael Correa, quien sorprendió a las petroleras foráneas que operan en el país al elevar al 99% la participación del Estado en los ingresos extraordinarios que genera la venta del crudo, expresó ayer que podría subirla al 100%.
Sin mostrar duda respecto al tema, pese a que el régimen está en negociaciones con las petroleras, Correa sostuvo que el crudo le pertenece al pueblo ecuatoriano y pidió a las compañías que cambien sus contratos para ser prestadoras de servicios si no están contentas con el nuevo arreglo.
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“Si las empresas quieren, allí está el contrato de prestación de servicios, que es nuestro contrato preferido, nuestra opción preferencial, acorde con la Constitución, que dice que el petróleo es de los ecuatorianos”, afirmó Correa durante su permanencia en Nápoles (Italia), en donde intervino en la mesa redonda ‘América Latina: un futuro sin violencia’.
Al ser consultado sobre la posibilidad de que ese porcentaje sea recortado, Correa precisó: “No. Al contrario, pues podemos pensar en subirlo a ciento por ciento”.
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El Mandatario también rechazó otras opciones, como contratos híbridos.
Entre tanto, Correa se reunió ayer en Roma –adonde se movilizó por unas horas– con el primer ministro de Italia, Romano Prodi, y el presidente de la Cámara de Diputados, Fausto Bertinotti.
Durante el encuentro, calificado de muy positivo por el gobierno italiano, Correa y Prodi se declararon a favor de la creación de una comisión binacional para que se impulse la regularización de los inmigrantes ecuatorianos.
Según el gobierno de ese país, allí residen unos 34.000 ecuatorianos, aunque fuentes locales estiman que se trata de muchos más.
Otro tema tratado fue la deuda de Ecuador y la posibilidad de canjearla con la aprobación de nuevos proyectos ambientales, como ya hizo Italia en el 2006 cuando condonó 28 millones de dólares.
Tras esta agenda oficial, Correa regresó de inmediato a Nápoles para participar en la mesa redonda. Allí aseguró que un futuro sin violencia en América Latina puede avizorarse fundamentalmente a través de un cambio radical en las estructuras vigentes.
Correa presentó su ponencia ante cientos de representantes religiosos y políticos.
Manifestó que “no es posible un futuro sin violencia mientras la desigualdad en América Latina impere, mientras los modelos heredados del neoliberalismo pretendan privatizar hasta el agua”.