Luego, en la segunda etapa la dirigencia contrató a cinco más (entre esos a Moisés Candelario, Troadio Duarte y Daniel Ferreira) que no dieron la talla. Los únicos rescatables son los argentinos Marcelo Delgado y Gastón Sessa.
Hicieron lo mismo con los entrenadores. Primero fue Ramón Bernuncio, que solo dirigió tres partidos. Le siguió Luis Cubilla, que aparentemente era un estratega de calidad; y, por último, Mario Jacquet, que también fue un fracaso.
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La dirigencia hizo mal las cosas y no formó un equipo competitivo.
Ojalá esto (quedar fuera de la liguilla) sirva para hacer cambios radicales, de fondo. Solo hay frustración tras frustración.
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Tiene que venir gente joven y que piense en el equipo como una empresa, que ejecuten un proyecto con alguien que sepa de fútbol y no sea el presidente el que contrate a los jugadores.
Esta campaña fue pésima. Quizás la peor que ha hecho Barcelona.