Una calle sin pavimentar es el sitio de práctica  de los jóvenes artistas.
 
Rescatar la cultura y la identidad afroecuatoriana fue una de las ideas con las que nació hace dos años el grupo de marimba Chonta, cuero y bambú.

En una de las calles de La Fragata, en  el  sur de la ciudad, cerca del parque Viernes Santo, es común ver bailar a los integrantes de esta agrupación. Vistiendo coloridos trajes mueven su cuerpo al ritmo contagiante de la marimba.

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El instrumento es entonado por Grimio Lerma, instructor de 25 años, quien perteneció al grupo Berejú de San Lorenzo, en el  norte de Esmeraldas, y con el cual tuvo la oportunidad de viajar a Japón.

Lerma dice que llegó a Guayaquil con el propósito de mostrar a  sus compañeros su arte.  Enseñarles a bailar, a cantar, a que sientan el ritmo en su sangre y descubran sus raíces.

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El sol no es impedimento para las prácticas. El polvo, las casas de caña  y la mirada de los curiosos se han convertido en sus cómplices, al igual que el sudor que resbala por sus prendas y su piel color azabache que los fortalece para no declinar.

Los continuos ensayos les permitieron el año pasado participar en el V Festival de Música Afroecuatoriana en Esmeraldas, en el que obtuvieron el undécimo lugar.

El director, Benny Sánchez,  cuenta que el grupo nació por una intervención municipal  en la que participó la Dirección de Acción Social y Educación (DASE) y el departamento de Justicia y Vigilancia del Cabildo de Guayaquil.

Ellos hicieron visitas domiciliarias en el sector de La Fragata, en el sur de la urbe, y comprobaron  que el 40% de las familias que habitan ahí son afroecuatorianas o tienen esta ascendencia.

“Con tantas mezclas –señala  Sánchez– ya no somos ‘negros’ porque el color va cambiando, pero no nuestras raíces”.

“Es importante que sepan de dónde vienen y la cultura a la que pertenecen, para que puedan hacer una buena representación”, dice Sánchez.

Una vez puesta la vestimenta: pantalones blancos y camisas verdes para los hombres, y faldas y blusas blancas   para las mujeres, el baile se enciende ni bien   empieza a  sonar la marimba, el guasá, el bombo y el cununo, instrumentos que fueron elaborados por ellos  y que los han motivado para convertirse en microempresarios.

El agua,  nombre con el que se conoce a uno de los bailes, representa la tala indiscriminada de los manglares para la construcción de las camaroneras, explica Sánchez.

Cada baile y vestimenta tiene un significado. Pero el paso base del baile –del que se derivan todos los demás– es el de la marimba, según el director.

De un lado para otro, haciendo volar las faldas al viento y los hombres agarrándose de sus sombreros, con una voz que predomina y dice ‘andarele’, se da inicio a este baile originario de España y que representa la llegada de los esclavos negros a nuestro país.

Cada baile es una historia. Y esta historia tiene que ver con sus antepasados y con la crueldad que vivieron bajo el yugo español. Una forma de representarlo es con  El bambuco de libertad,  baile que rememora la liberación de los negros.

En esta danza los cuerpos de los artistas, cuyas edades fluctúan entre los 8 y 15 años, a más del movimiento expresan un mensaje: libertad.

Uno de los ideales que tiene esta agrupación es conseguir un local donde ensayar diariamente y el apoyo de alguna institución para poder trasladarse a los sitios en los que tienen presentaciones, la confección de vestuario y otros gastos logísticos, los cuales han solventado hasta el momento a través de bingos, preparación de comida y otras actividades.

Mientras el sol se hacía más intenso el pasado martes por la mañana, el sudor seguía empapando los cuerpos de los marimberos, que en cada baile dejan un mensaje, junto al legado de su cultura.

Marimba.
Está hecha de tablas del árbol de chonta y el mueble es de laurel.

Bombo.
Está elaborado con tronco de madero hueco por un lado. Lleva piel de venado y de tatabra (animal parecido al chancho) por el otro.

Guasá.
Es un tubo de caña guadúa que por dentro tiene semillas de achira y tarugas de chonta.

Cununo.
Está hecho en tronco de madera hueco con piel de venado encima.

Tiempos.
Los instrumentos deben ser afinados una sola vez cuando hay luna menguante, porque de lo contrario pierden el sonido. Esto como parte de una tradición dice Benny Sánchez, director.