El presidente Rafael Correa lo anunció y dijo que desea también que sea cuencana. El relevo de la fallecida ministra de Defensa Nacional, Guadalupe Larriva, será otra mujer, anunció el presidente de la República, Rafael Correa, durante las honras fúnebres de la funcionaria y su hija Claudia.

“Sabemos que es imposible llenar el vacío que Guadalupe nos ha dejado, pero buscaremos a otra mujer para esa cartera de Estado y ojalá pueda ser también de esta Cuenca querida”, comentó  el Jefe de Estado durante el  discurso de exaltación que ofreció  en el Salón de la Ciudad del Municipio local.

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En su intervención, el Primer Mandatario recordó la alegría que caracterizaba a la Ministra de Defensa, quien solo ejerció sus funciones en esa secretaría  de Estado durante los primeros  nueve días del Gobierno.

 "Ella me daba soluciones, no problemas", comentó  Correa y relató que, cuando la llamaba por teléfono para preguntarle cómo le iba, ella le respondía: "Maravillosamente".

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"Quiero decirle algo que nos sirva de consuelo  ante tanta pena y es que ella estaba muy feliz por su nuevo desafío. Las Fuerzas Armadas la amaron y la llegaron a adorar en pocos días al ver su calidad de gente, y se llegó a ganar el aprecio del Comando Conjunto", dijo.

El Presidente explicó, además, que su muerte lo sorprendió tanto que ni siquiera hubo tiempo para que asista a la primera reunión de gabinete que se realizará hoy en Quito.

El Primer Mandatario finalizó su discurso con una frase usual en él: "Hasta la victoria siempre". Se la pronunció   a la fallecida funcionaria, prometiéndole que no la iba a traicionar e iba a impulsar el cambio en el país.

Larriva fue la primera mujer en estar al frente del Ministerio  de Defensa del Ecuador; la fallecida secretaria de Estado  se definía como parte "de la auténtica izquierda" y "totalmente revolucionaria".

Un masivo adiós para Ministra 

Aviones de la FAE, salvas y trompetas despidieron a Larriva

El cementerio general de Cuenca recibió los restos de la ministra Guadalupe Larriva González y su hija menor, Claudia Ávila. Centenares de azuayos acompañaron a los familiares y funcionarios de Gobierno en la despedida.

El sonido de las trompetas anunciaron la llegada de los dos féretros.  Seis cadetes de las tres ramas de las Fuerzas Armadas cargaron cada uno de ellos durante su recorrido por el pasillo principal del cementerio general de Cuenca. 

Eran las 14:21, cuando los ataúdes de la fallecida ministra Guadalupe Larriva Gónzalez y su hija Claudia Ávila fueron ubicados sobre los pedestales frente al túmulo que iban a compartir madre e hija.

En una carpa blanca frente al sepulcro se encontraban  los familiares de la Ministra, entre ellos su madre Teresa González, que recién ayer participó de las ceremonias  fúnebres de su hija. También estaban autoridades locales y extranjeras, como los ministros de Defensa de Venezuela, Perú y Chile; además amigos cercanos de la familia. Enseguida vino el único discurso de despedida.

En  medio de un sol resplandeciente, Félix González, presidente del Partido Socialista, dijo “hasta luego” a su querida Guadalupe, pues aseguró que ella no había muerto, que estaba viva en el corazón de todos los ecuatorianos.

Luego de doce minutos apareció una enorme nube en el cielo que advertía la llegada de la lluvia mientras en la ceremonia cuatro oficiales del Ejército doblaban los pabellones tricolores que cubrían los féretros y los  entregaron a la familia de la fallecida.

El jefe del Comando Conjunto, Héctor Camacho, fue el encargado de entregar la bandera del ataúd de Larriva a su madre; mientras que el vicealmirante Homero Arellano entregó la de Claudia a su hermano mayor Rodrigo Ávila, quien apuró el saludo que le ofreció Camacho cuando vio que el féretro de su hermana estaba ingresando a la fosa.  

Pidió de favor un momento para poner un papelito pegado con cinta adhesiva en el ataúd. Su hermana, Priscila, siguió el gesto, y puso un rosario de madera, un anillo y un girasol.

A las 14:38, se posó en el sepulcro el féretro de la primera mujer civil designada como Ministra de Defensa. Su hija mayor, Priscilla, no pudo contener el dolor que la embargaba y se abalanzó entre sollozos sobre el ataúd de su mami, como le dijo varias veces mientras este bajaba al túmulo. Rodrigo volvió a pegar otro papelito en el féretro que era bajado por dos trabajadores del cementerio vestidos de azul.

Enseguida lo alcanzaron sus hermanas, tíos y demás familiares. No así la madre de la funcionaria que se mantuvo sentada en su puesto llorando inconteniblemente.

El presidente Correa no pudo ocultar su rostro de pesadumbre cuando en la tumba se puso la primera placa de mármol, pero se mantuvo de pie junto a su esposa Anne, y solo levantó su mano derecha para secar una lágrima que rodó por su mejilla.

Una vez cubierto el sepulcro un familiar puso la placa de cerámica donde se escribieron los nombres de Guadalupe Larriva González y su hija Claudia, con las fechas de nacimiento y del día de su muerte: 24 de enero del 2007.