Sandra Osorio ha tenido acceso a cinco microcréditos en los últimos siete años. Los préstamos le han permitido hacer mejoras en su casa y remodelar su micromercado para atraer a más clientes.
El resultado: ventas semanales de alrededor de $ 1.500 que le han permitido pagar sus obligaciones con los bancos y mejorar su calidad de vida.
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Sandra vive en Quito y ha tenido los privilegios de los que gozan los habitantes del área urbana: mayor acceso al préstamo; lo que no ocurre con la gente que habita en el campo.
El microcrédito, bajo sus dos conceptos: como el crédito a los más pobres y a los microempresarios se concentra aún en las ciudades, sean Quito y Guayaquil, o en las capitales de provincias.
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Hasta abril del 2006, el 14,9% de las operaciones de microcrédito en todo el sistema financiero se concentraba en el área rural y el 85,1% en las urbanas, según el Proyecto El Salto, llevado a cabo por DAI, institución norteamericana que apoya a las microfinanzas, y es auspiciado por la Usaid.
Irónicamente, la mayor parte de los pobres se encuentra en el campo, donde el 64,2% de las personas viven con menos de dos dólares diarios.
Wilfrido Ruiz, presidente de la Cámara Nacional de la Microempresa, señala que no existe una oferta real de crédito por parte del sistema financiero privado y público, que cubra todo el país, y esa deficiencia es más evidente en el campo y los sectores urbano marginales. “El mayor de los bancos tiene más de 200 agencias, pero en 26 ciudades. No hay suficiente oferta”, dice.
Las cooperativas, que tienen una mayor vocación hacia el crédito rural, tienen una participación en el mercado inferior a la de los bancos, cuya vocación es más urbana.
Mientras los bancos acaparan el 66% del mercado regulado por la Superintendencia del ramo (SB), las cooperativas tienen el 23,76%.
Incluso, Édgar Peñaherrera, director de la Asociación de Cooperativas de Ahorro y Crédito, que agrupa a 38 entidades con el 85% del mercado, comenta que estas entidades tienen sus oficinas en las ciudades, no en el campo.
Y asegura que el tema del crédito rural ha recibido más impulso por parte de las ONG que no están reguladas por la Superintendencia de Bancos.
Según la Red Financiera Rural, que agrupa a 41 entidades reguladas y no reguladas por la SB, las ONG tienen una cobertura del 39% en las zonas rurales, mientras que los bancos cubren el 7%.
Andrés Guarderas, director de Crédito rural del Banco Solidario, explica que los gastos en logística son más altos, pues quienes reciben microcréditos necesitan asesoría para hacer mejores manejos financieros, lo que es más costoso en las zonas apartadas.
Sin embargo, dice, este segmento tiene buenas proyecciones de crecimiento.
EL SECTOR
CONCEPTO
Hay criterios divididos con respecto al microcrédito. Para unos, es la entrega de préstamos a la población más pobre. Para varias instituciones financieras, son los que dan a los microempresarios. El concepto más extendido en el mundo es el primero.
CANTIDADES
Los montos de los microcréditos son diversos. Las entidades financieras prestan desde $ 100 o $ 200 hasta $ 20.000.
INTERESES
Los intereses en los microcréditos son más altos que en otro tipo de crédito.
A este rubro las entidades suelen aplicar la tasa máxima convencional que, sumados otros cobros adicionales, pueden conformar un interés del 25%.