El manejo de temas trascendentales, como el de Iraq, involucra a personajes de mucha confianza en la familia Bush, la mayoría que actúa desde la gestión del ex presidente George H. Bush, padre del actual gobernante.

La victoria demócrata en las elecciones legislativas de EE.UU. del pasado 7 de noviembre originó el mayor golpe en la última década al grupo de “halcones” que dominan la política exterior norteamericana y que buscan expandir a todo el mundo su concepto de democracia.

El fracaso electoral republicano dio paso, para alegría demócrata, a la separación del secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, que encarnaba la guerra en Iraq y era considerado uno de los cerebros más brillantes del conservador gabinete de George W. Bush.

Rumsfeld forma parte del núcleo duro con una visión guerrerista de las relaciones internacionales que rodea al vicepresidente, Dick Cheney, y que incluye a Condoleezza Rice, la secretaria de Estado y a otros que ya no están, como Paul Wolfowitz o Lewis Libby. Todos ellos colaboradores y hombres de confianza del ex presidente George H. Bush, padre del actual mandatario y a quien los expertos consideran el genio político de la familia y que forman o han sido parte del actual gobierno.

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Cheney fue su ministro de Defensa durante la invasión de Panamá y la primera Guerra del Golfo;  Rice fue asesora para asuntos de la Unión Soviética y Rumsfeld dirigió la Comisión para evaluar la amenaza de misiles balísticos.

En la primera presidencia de Bush hijo, entre estos halcones estaba a quien los analistas llamaron “una paloma”: el ex secretario de Estado Colin Powell, moderado opuesto a un ataque unilateral contra Iraq y que convenció al mandatario a que primero fuera a la ONU.

Pero pese a integrar al grupo de confianza de los Bush, fue el jefe del Estado Mayor Conjunto en la Guerra del Golfo en 1991, se vio rodeado por la red derechista “radical y dura”, con una política militarmente más agresiva, de Cheney, y finalmente dejó el cargo.

Los críticos de George W. Bush afirman que Cheney y Bush padre son quienes gobiernan “entre las sombras” colocando a destacados intelectuales y tecnócratas neoconservadores que diseñan la política militar de EE.UU.

Los “halcones” han creado las estrategias de la política exterior de EE.UU., que marcan los últimos 20 años, con la sola pausa del gobierno demócrata de Bill Clinton.

En el mandato de Bush padre acuñaron el concepto de “Seguridad del Territorio de la Patria” (Homeland Security), que luego de los atentados terroristas de Al Qaeda del 11 de septiembre del 2001, se plasmó, con Bush hijo, en un departamento que controla esfuerzos de gobiernos federal, estatales y locales, el sector privado y los ciudadanos, para prevenir ataques terroristas.

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Fue Paul Wolfowitz quien estimó en 1992, casi diez años antes del 9/11, entre las conclusiones políticas de la guerra del Golfo, la necesidad de pasar a la “guerra preventiva”, atacando a los “estados del mal” como Norcorea, Irán e Iraq, aprovechando la desaparición de la Unión Soviética.

Los objetivos serían, como sintetiza Ignacio Ramonet, director de Le Monde Diplomatique, en la publicación digital El Periódico recuperar el control del golfo Pérsico, donde están las dos terceras partes de las reservas conocidas de petróleo, proteger a Israel de ataques, favorecer la inserción del Estado judío en la región y establecer un régimen político de lo que EE.UU. entiende por democracia en Iraq para extenderla a Oriente Próximo.

Es a otro halcón menor, David Frum, ex redactor de los discursos de Bush, a quien se le atribuye la creación del concepto “eje del mal” (Corea del Norte, Irán e Iraq).

Fueron los halcones quienes para sus guerras preventivas contra los países del “eje del mal”, adaptaron la doctrina “Shock y pavor”, ideada en 1996 por los estrategas Harlan Ullman y James Wade, que implica un “dominio rápido” del campo de batalla desde el inicio, combinando una fuerza militar aplastante en número y tecnología, con una guerra psicológica, como la aplicada en Panamá y en Afganistán, pero con más poder.

Ahora, la salida de Rumsfeld al parecer no debilitará a los halcones, sino que será apenas un cambio de dirección, pues su sucesor, Robert Gates, fue el director de la CIA con Bush padre e integró este año, con James A. Baker III, el ex secretario de Estado de Bush padre, la comisión que elabora un nuevo plan para Iraq.

LOS QUE ESTÁN

DICK CHENEY
Vicepresidente de Estados Unidos. Es considerado el hombre duro que lidera las decisiones radicales en el tema Iraq y el que ha estado sobre los actos que se desarrollaron en la gestión del saliente secretario de Defensa Donald Rumsfeld.

CONDOLEEZZA RICE
Secretaria de Estado. Establece la postura de EE.UU. en el mundo. George W. Bush dijo en broma que Condi,  como se la conoce, luego de su esposa es la primera persona con quien habla y de las últimas con la que discute en las noches.

ROBERT GATES
“Agente del cambio”. Así denominó el presidente Bush a Robert Gates, el nuevo secretario de Defensa y saliente director de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), al sugerir cambios en la estrategia que deberá  desarrollarse en relación a  Iraq.

GEORGE H. BUSH
Impulsor de la línea dura  que se le atribuye al actual régimen de EE.UU. Bush padre en su gobierno gestó la invasión a Panamá, considerada el embrión de lo que sería esta norma de conducir los temas estratégicos y de seguridad.

LOS QUE SE FUERON

DONALD RUMSFELD
Ex secretario  de Defensa, defensor de la “guerra global contra el terror” y la campaña en Iraq. Henry Kissinger dijo que era el hombre más despiadado que conocía,  “hábil político burócrata de tiempo completo que funde ambición, destreza y sustancia, sin fisuras”.

COLIN POWELL
Ex secretario de Estado Se lo considera como un ejemplo del sueño americano hecho realidad. Nació en el Bronx, de una familia jamaiquina humilde y fue el primer negro jefe del Estado Mayor. Se dice que advirtió a George W. Bush que si invadía Iraq, “iba a romperlo en pedazos”.