Adams se hizo famoso hace ya algunos años –y Hollywood nos lo mostró en una película con el inolvidable Robin Williams– cuando entabló una polémica muy seria y de alto contenido científico con sus colegas, al insistirles en que la ciencia, la técnica y los nuevos descubrimientos no son nada cuando no vienen acompañados de respeto, consideración, compasión  e incluso sonrisas, porque el enfermo no es un combinado químico, ni una suma de moléculas, sino un ser humano, muy asustado siempre ante la posibilidad de la muerte.

¿Ha calado en nuestro medio el mensaje del doctor Adams? En realidad siempre estuvo presente. Todos recordamos a esos viejos médicos guayaquileños que conocían la casa y la familia de sus pacientes, que habían visto crecer a sus hijos. Pero parte de esa herencia se perdió. Hoy hay demasiados médicos que conocen nuestra chequera y nuestro bolsillo, pero poco saben de nuestros dolores en el alma.

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Ojalá que Patch Adams tenga suerte y con él comencemos a recuperar parte de ese tesoro perdido.