Mijaíl Gorbachov cumple hoy 75 años en medio del odio y el reconocimiento: unos le culpan de la destrucción de la URSS y otros le agradecen que haya acabado con el comunismo y la guerra fría.

"El vencedor derrotado" y "He golpeado las puertas de la historia" son algunos de los titulares de la prensa rusa de hoy, que publica entrevistas con el primer y último presidente de la URSS.

El homenajeado, entre tanto, sigue optimista y reitera que no lamenta la histórica decisión que cambió su país y el mundo entero.

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"El pueblo puede valorarme como quiera. Yo estaba decidido a emprender este camino a pesar incluso de que muchos no me entendían entonces", recordó Gorbachov en su entrevista con el diario Kommersant.

A su juicio, sin embargo, la actitud hacia él de los rusos, que con Gorbachov, aclamado por el mundo entero, optaron por confirmar la máxima de que "no hay profeta en su tierra", va mejorando.

"Los sondeos de hace 10 años decían que las ideas de la perestroika eran rechazadas por el 45 por ciento de los encuestados y el año pasado eran ya el 31 por ciento", dijo al periódico Komsomólskaya Pravda.

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Hace unos días, recordó, al hacer reparaciones en su casa, encontró un libro sobre él editado en Ucrania y titulado "El príncipe de las Tinieblas", y también un artículo que atribuía su aparición a la "obra de Dios".

"Ese es el espectro, desde Satanás y hasta el Mesías", se ríe.

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Esta polaridad de opiniones se refleja incluso en los medios más liberales, como la emisora Eco de Moscú, donde no faltaron hoy oyentes que acusaron a Gorbachov de la "desmembración de un gran país" y la "capitulación en la guerra fría que erigió a EEUU en la única gran potencia del mundo".

Gorbachov, sin embargo, sigue insistiendo en que, si bien las reformas eran inevitables e imprescindibles, la democracia pudo haber salvado a la URSS, que por supuesto debería haberse transformado de modo radical.

"Me siento orgulloso de que logré darle al país la oportunidad de pasar la prueba de la democracia y la libertad de prensa" y "me siento feliz de haber llegado a 1989, cuando en el país se celebraron las primeras elecciones limpias", insiste, pues "Rusia sigue aún bajo el impulso recibido entonces".

Y, en cuanto a la guerra fría, no admite que se hable de ganadores y vencedores, y afirma: "en aquella guerra todos eran perdedores y cuando salimos de ella ganaron también todos".

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Tampoco admite las acusaciones de debilidad, que según algunos de sus críticos, fue la que hizo posible la desintegración de la URSS.

"De qué debilidad me hablan si logré cambiar a un país que hablaba 225 lenguas y se extendía a lo largo de 10 usos horarios? Sí, podía haber empleado la fuerza para sofocar los conflictos, estrangular las asonadas y retener el poder. Pero entonces hubiera dejado de ser Gorbachov", dice.
Para él, su principal logro fue que "la gente cambió y ya no quiso seguir siendo un rebaño", por lo que "ya no puede haber retorno al pasado".

"Puede haber retrocesos, y los hay, pero el retorno al pasado es absolutamente imposible. La gente jamás lo admitirá", afirma.

En el coro de voces tampoco faltan aquellas que recuerdan que fue Gorbachov quien puso fin a la sangrienta guerra de Afganistán, quien retiró las tropas de Europa y con ello abrió el mundo para los soviéticos.

"Recuerdo que en 1989 pude viajar por primera vez al extranjero y que la gente, al enterarse de que venía de la URSS, me sonreía y repetía Gorbachov y perestroika", decía uno de los oyentes de la emisora antes citada.

Otro de los oyentes de Eco de Moscú, un próspero empresario, recordaba que precisamente con Gobachov aparecieron en el país la propiedad privada, las cooperativas y los primeros bancos, "todo lo que ha sentado las bases de la economía moderna".

El, entre tanto, sigue soñando con una Rusia "que sea un país grato para vivir, un país tranquilo, humano y estable, política y económicamente".

"Quiero que sea un país donde se pueda respirar, hablar y decidir libremente, un país abierto que se libre al fin del estalinismo", confiesa.