Las autoridades siguen entregando a los familiares, cadáveres identificados por el ADN.
Ayer se cumplió el primer año del peor incendio registrado en la historia de Paraguay.
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La mañana del 1 de agosto del 2004 más de mil personas hacían sus compras de fin de semana en el moderno supermercado Ycuá Bolaños, en Asunción, cuando en minutos el local ardió en llamas.
El incendio dejó 396 muertos y más de 500 heridos, según fuentes oficiales, aunque la Mutual de Familiares de Víctimas sostiene que hubo 424 muertos, 600 heridos y 23 desaparecidos.
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Los peritos señalaron que los ductos de la panadería, la confitería y la rotisería no salían al exterior, acumulando unos 9.000 m³ de humo y gases entre el cielo raso y el techo. Posiblemente, una chimenea tapada inició el fuego (que podría haber estado latente por días o semanas) provocando una explosión que inflamó materiales altamente tóxicos que produjeron gases como el cianuro, lo que contribuyó al gran número de muertos.
El dueño del mercado, Juan Pío Paiva y su hijo Daniel, encargado del local, están acusados de ordenar el cierre de las puertas del supermercado, aparentemente para evitar “que nadie saliera sin pagar” y permanecen en la cárcel.
El médico Roberto Almirón hace un año atendió a los quemados que llegaban a su clínica, sin imaginar que su hijo Eric, también había muerto.
“Este es el país que tenemos, donde las instituciones no cumplen su función, donde los empresarios son capaces de hacer un crematorio de inocentes, un cajón con dos puertas, como techo una garrafa, encerrada con cercas y rejas tipo cárcel, por unos dólares”, afirmó Almirón.
“Justo en un país con un Estado ausente donde la asistencia a las víctimas solamente fue mediática y pasajera. Después, todo siguió igual. El país de siempre. Donde el Poder Judicial y la propia Municipalidad son edificios que no tienen escalera de incendios. Un país carente de valores, en un estado terminal”, concluyó Almirón.