El jugador Otilino Tenorio Bastidas fue velado ayer en la sede de la Federación Ecuatoriana de Fútbol como un homenaje póstumo para el ex integrante de Emelec, El Nacional y la selección Tricolor.
Desde el local de la Federación Ecuatoriana de Fútbol se apreciaba, en uno de los balcones de un edificio cercano, una pancarta que decía: “Otilino, sigue marcando goles desde el cielo”.
El mensaje póstumo de un morador del sector quizá pasó inadvertido para muchos, no solo por su lejanía, sino por la tristeza en la que estaban sumidas las personas que acudieron ayer a la Ecuafútbol a despedir a Otilino Tenorio, velado en ese inmueble.
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Quienes conocieron al jugador no pudieron controlar la pena y el dolor, sentimientos muy contrarios al que en vida siempre despertó el Spiderman: la alegría.
Por eso, tampoco importó la ausencia de los acostumbrados trajes de colores oscuros. La mayoría de hinchas y amigos que se despidieron de Otigol asistieron en pantaloneta, con gorras y con zapatos deportivos.
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Las camisetas de Emelec y El Nacional, al igual que algunos aficionados con máscaras, también dieron un toque especial en las exequias que organizó la FEF para Otilino.
Hasta el féretro de madera que albergó el cuerpo sin vida del atacante se acercaron varios personajes del fútbol ecuatoriano.
Uno de los primeros en llegar fue el ex entrenador de la selección nacional de fútbol Dussan Drascovic, quien confesó que admiraba mucho las condiciones físicas y técnicas de Tenorio como delantero. Por eso, consideró que se trataba de una pérdida muy grande para el fútbol del país. Además, Otilino tenía “la alegría que ahora le falta mucho al futbolista”.
Luis Fernando Suárez, entrenador del combinado Tricolor, otorgó pocos minutos de declaraciones; después pidió que respetaran su decisión de no hablar para acercarse al cuerpo de Otilino y verlo por última vez.
Un momento emotivo, junto a las honras fúnebres, fue el ingreso de un amigo y compañero de varias temporadas en Emelec: Augusto Poroso, quien compartió el dolor de Fanny Bastidas, madre del jugador, en un fuerte abrazo que provocó el llanto de ambos.
Poroso vivió un instante duro: persignarse ante su eterno amigo. El defensa de Barcelona no pudo contener su emoción, cerró fuertemente sus ojos y se apartó del lugar, porque no soportó ver el cadáver de Oti.
Mientras esto sucedía, la inocencia también estaba presente en la sala. Alrededor de varias sillas plásticas, dos de los pequeños hijos de Otilino: Jordy (6 años) y Andy (3) jugaban sin entender la pérdida de su padre.
La escena de los pequeños estremeció a los presentes, especialmente a los dirigentes de la Ecuafútbol y al presidente de Emelec, Jorge Arosemena, quien también asistió. Por eso, entre ellos surgió el ofrecimiento de asegurar la formación educativa de los tres hijos del Spiderman (a Jordy y Andy se suma Erick, de 2 años).
Los fanáticos de Emelec mezclaron la nostalgia con sus cánticos y banderas. Llegaron con sus camisetas azules y por varios minutos cantaron: “¡Oti, Oti! jamás te olvidaremos...” afuera del local de la FEF.
Sepelio
El relacionista público de la Ecuafútbol, Pedro Mauricio Muñoz, reveló que hasta ayer con los familiares de Otilino habían acordado realizar el sepelio mañana, a las 07h00.
No obstante, un cambio de decisión dependía de sus familiares. La FEF asumirá los gastos fúnebres, mientras que se espera que los restos del futbolista Otilino Tenorio reposen en el cementerio general de Guayaquil.