El proyecto acoge a los menores que huyeron de sus hogares por malos tratos o fueron abandonados.

Trece niños que escaparon  de sus hogares o fueron abandonados por sus padres encontraron un nuevo hogar y retomaron sus estudios gracias al proyecto que  implementó el padre Eduardo Aguirre.

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El plan consiste en darles  techo, hogar, cariño, atención, estudios y un oficio para que puedan tener ingresos económicos y utilicen mejor su tiempo libre.

El sitio está ubicado en el sector conocido como El Desquite, cerca del Camal Municipal, frente al río Babahoyo. Allí permanecen trece chicos cuyas edades fluctúan entre  11 a 16 años; este grupo está a cargo de Isabel Tomalá y Julio Bajaña, quienes ayudan en la tarea al sacerdote.

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El religioso dijo que para su labor contó con la ayuda de la Fundación española Larracho, que financió la edificación  de un albergue con las comodidades que se requieren y áreas para el trabajo, recreación y  descanso.

“Conocemos que los menores  abandonados son presa fácil de la delincuencia, la drogadicción, violación y es necesario que  sean rescatados y darles un techo y un lugar para que puedan vivir en armonía y además que aprendan un oficio”, indicó.

Ángel, de 15 años, es uno de los internos; él perdió a su madre hace seis años y luego fue abandonado por su progenitor junto a su hermano menor, Julio,  de 12. No tenían un lugar donde dormir, deambulaban en el día por la ciudad y de noche dormían frente a la iglesia Nuestra Señora de El Carmen, del sector El Cafetal, hasta que fueron vistos por el padre  Aguirre que los acogió en el albergue.

Ángel señaló que le gustaría ser actor como los que salen en la serie cómica Vivos, por lo que quiere recibir clases de actuación.

A un costado está  Joffre, de 14 años, vivía con su madre en Quito  y se alejó del hogar por los malos tratos de su padrastro; recorrió varias ciudades y le gustó Babahoyo hasta que una señora le habló sobre el padre Aguirre y fue recibido en el lugar. “Aquí no necesito nada, somos buenos amigos, además estudio y la comida no me falta”,  expresó.

Isabel  Tomalá afirmó que los menores vienen desanimados por los problemas que han vivido en sus hogares; “por eso les damos cariño y buen trato para que psicológicamente vayan librándose de los traumas por el abandono y falta de amor, porque la relación con su familia ha sido muy negativa”.

Labor

Permanencia
En el albergue para niños de la calle se espera dar cabida a unos 25 menores. Ahí se los recibe de 5 a 16 años de edad y si demuestran buena conducta se los sigue manteniendo después que han cumplido su ciclo en el centro, y se les busca un empleo para que se independicen y se sustenten.

Aprendizaje
Los menores estudian en la escuela del Muchacho Trabajador, además trabajan y aprenden carpintería, albañilería,  jardinería y cerrajería, y colaboran en las granjas para criar cerdos, pollos, patos y sembrar verduras, choclo y arroz.

Ayuda
La Fundación  Larracho, de origen vasco, aporta para el financiamiento del albergue y el Instituto del Niño y la Familia ayudará con mobiliario, psicólogo y trabajadora social.