Fue arquero, técnico y dirigente de Emelec desde 1968  que llegó.

Su emoción la refleja en el movimiento de sus manos al hablar. Aquellas que por doce años desviaron balones para que no se conviertan en goles en contra del equipo que aprendió a querer, Emelec.

Eduardo García, leyenda viviente del club azul de la década de los 70. Uruguayo de nacimiento y ecuatoriano por naturalización desde 1974, no esconde su felicidad por ser el jugador con más votos (305), en la elección del mejor equipo de Emelec de la historia que (por los 75 años del club) hizo Diario EL UNIVERSO.

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Pregunta: ¿Cómo recibió esta designación?
Respuesta: Con mucho cariño. Fue una emoción enorme, pensé que solo me elegirían para el mejor arquero, pero no como para ser el ganador en el Emelec de todos los tiempos. Mi corazón latió a otro ritmo.

P: ¿Cree que su trayectoria en Emelec fue suficiente para hacerse querer?
R: Tuve quince años en Emelec (arquero, técnico y directivo), viví, me hice hombre, me retiré, fui fiel al club. Cuando estuve como técnico del equipo trabajé cuatro años gratis, jamas le cobré un centavo. Todo esto y los años como deportista se juntó y les doy las gracias a los aficionados porque a la vejez me hicieron feliz.

P: ¿Soñó alguna vez en su infancia con  ser arquero?
R: Uno nace con eso de ser jugador. Mi familia era muy pobre. Vivíamos en un pueblito llamado Semillero, y tuve que dejar de estudiar antes de ir a la secundaria.
Escuché un diálogo entre mis padres y mi viejo  decía: “¿Vieja, qué hacemos. No nos alcanza para mandar a estudiar a los cuatro muchachos?”. Al día siguiente le dije: “Papá, no quiero estudiar, seré carpintero, y fui uno de los mejores a los 12 años. Esa fue la decisión más grande de mi vida.

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P: ¿Cómo se vinculó a Emelec?
R: En 1968 vine para jugar la Copa Libertadores a Emelec, por tres meses. Apenas llegué  me enamoré de mi señora (Sara Villacreses) y desde ese día amo al Ecuador. Los tres meses se convirtieron en 37 años.

P: ¿Qué gol recuerda le dejó un dolor de cabeza.
R: Bueno, no recuerdo exactamente si fue en  el 74 o  75, en un clásico del astillero ante Barcelona. Nelsinho venía por atrás, la pelota venía despacio y me la sacó casi de las manos. Perdimos 1-0, me quería ir de acá, enterrarme de la vergüenza.

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P: ¿Y los memorables?
R: Cuando llegué, a las 48 horas había un partido contra la selección de Checoslovaquia (hoy República Checa). Mido 1,80 y vi a mis compañeros chiquitos, dije: “Me van a matar a goles”. Jugué el mejor partido de mi vida, empatamos  a 0 y desde ese día el público me amó.