El presidente estadounidense George W. Bush, que se convirtió en un defensor de la lucha contra el sida en África, es criticado en su país por la política de prevención que privilegia la abstinencia sexual de los adolescentes antes que la utilización de preservativos.
En enero pasado, Bush anunció un vasto plan de ayuda por 15.000 millones de dólares durante cinco años para luchar contra el sida, especialmente en África.
Según un informe de ONUSIDA publicado el martes pasado, África es la región más afectada por la epidemia. En la región subsahariana, se registraron unas 26,6 millones de personas con sida en 2003, sobre un total de 40 millones en todo el mundo.
Lejos de estar satisfechos con la iniciativa de Bush de destinar fondos al continente africano, las organizaciones estadounidenses de lucha contra el sida, entre ellas Act Up, le reprochan que privilegie un financiamiento bilateral en lugar de que el dinero sea administrado por el Fondo Mundial de Lucha contra el Sida, Paludismo y Tuberculosis, creado por las Naciones Unidas y donde Estados Unidos no controla los métodos de atribución de recursos.
"Esta administración trabaja día y noche para bloquear el financiamiento estadounidense para el Fondo Mundial", afirmó Asia Russell, de la asociación Health GAP.
De los 15.000 millones del programa estadounidense, sólo 1.000 millones están destinados a este Fondo.
Las asociaciones, reagrupadas en una coalición, también le reprochan al gobierno estadounidense bloquear el acceso de países africanos a medicamentos genéricos. "El presidente Bush prometió estimular la utilización de medicamentos genéricos (...) De hecho, continúa apoyando las políticas comerciales que prohíben o retardan el acceso a genéricos en los países en desarrollo", afirman las organizaciones en un informe.
En una visita a Árica en verano pasado, George W. Bush insistió en la necesidad de que las compañías farmacéuticas, las cuales son criticadas por los altos precios de sus medicamentos contra el sida, protejan sus derechos de propiedad intelectual.
La nominación como coordinador del Plan de Ayuda Estadounidense de Lucha contra el Sida de un ex dirigente de una compañía farmacéutica, Randall Tobias, también suscitó interrogantes sobre el real compromiso del equipo de Bush en una lucha objetiva contra el flagelo.
Las asociaciones estadounidenses también están irritadas por la política contra el sida emprendida en Estados Unidos. Ellos denuncian el bajo financiamiento de ciertos programas de lucha contra el sida y la política de prevención que privilegia las campañas de abstinencia sexual por sobre el uso de preservativos.
"El presidente Bush propuso fuertes aumentos de la información para promover la abstinencia sexual (...), rechazando incrementar el financiamiento de programas de prevención del VIH cuya eficacia ya fue probada científicamente", denuncian en su informe.
Según el informe de ONUSIDA, un cuarto de las 900.000 personas infectadas en Estados Unidos no saben que son seropositivos.
Desde que asumió el poder, la administración Bush destinó fondos para incitar a los adolescentes a la abstinencia sexual hasta el matrimonio, al presentar estos programas como una forma de reducir el número de embarazos no deseados y de enfermedades sexualmente transmisibles.
Una parte de la oposición demócrata se opuso a estas campañas. El representante demócrata Heny Waxman acusó en agosto pasado al gobierno de politizar el trabajo de los investigadores y manipular la información científica.