La XIII Cumbre Iberoamericana de Presidentes y Jefes de Gobierno –que se inauguró ayer– descubrió ante el mundo a una Bolivia poco repuesta de la crisis política que, hace casi un mes, produjo la dimisión del mandatario Gonzalo Sánchez de Lozada y la muerte de 600 personas (a manos de los militares) durante una revuelta social.