Las diez parroquias del cantón celebran hoy las fiestas de emancipación política.
Ubicado en el centro de la provincia de Manabí, el cantón Portoviejo recuerda hoy 183 años de la gesta que logró la libertad de su pueblo.
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Con casi 300 mil habitantes, la capital manabita ha evidenciado en los últimos años una importante recuperación en la infraestructura y economía del área urbana.
Las calles de la ciudad dejaron sus baches y se construyeron grandes edificaciones que embellecen y confirman el progreso de la urbe.
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El primer personero municipal, Alberto Lara Zevallos, aseguró que poco a poco Portoviejo se convierte en una ciudad interesante para los inversionistas.
“Los centros comerciales y varios complejos habitacionales que se levantan en diversos sectores de la urbe son una prueba de ello”, afirmó.
Guido Carranza Acosta, presidente de la Junta Cívica de Portoviejo, dijo que la capital manabita está en proceso de consolidación y que, gracias a ello, sus habitantes han elevado notoriamente su alegría y autoestima.
Carranza señaló que la ciudad ha crecido de manera desordenada por falta de planificación y de un plan integral de desarrollo
“La falta de fuentes de trabajo, salud integral y de agua potable para todas las comunidades empañan las celebraciones”, añadió.
Falta de servicios
La realidad que viven las parroquias rurales del cantón contrasta con el progreso de la zona urbana.
Carlos Ramírez, habitante del Florón Cinco, mencionó que en el barrio Ocho Florones la ausencia de servicios básicos es alarmante.
“No contamos con líneas de conducción de agua potable, alcantarillado, pavimentación ni energía eléctrica”, refirió Ramírez.
Al respecto, el alcalde Lara afirmó que el Municipio está a la espera de que el Gobierno le entregue 96 millones de dólares para iniciar la ejecución de cinco proyectos que solucionarán las necesidades prioritarias de los habitantes.
Una ciudad positiva
Pese a todas las necesidades que padecen, Jorge Carrillo, residente del barrio Ocho Florones, aseveró con orgullo que “Portoviejo es una ciudad obstinada con el progreso”.
Carrillo, moviendo sus manos endurecidas por la constancia del trabajo diario, expresó con énfasis que esta localidad y sus habitantes luchan las 24 horas al día para salir adelante.
Carranza dijo que en Portoviejo todavía se perciben el calor humano y la solidaridad, “valores que las grandes ciudades han perdido”.