Su práctica puede desencadenar alteraciones mentales en sujetos con personalidad frágil.

Cuando tenía 13 años, Priscilla (nombre real), hoy de 28, jugaba a la ouija con una amiga de su edad, casi todos los días, al terminar las tareas del colegio.

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Aunque su amiga creía en la ouija, para Priscilla se trataba de un simple juego maniobrado al gusto de ella y en el que ambas se engancharon por curiosidad a lo desconocido y para encontrar respuestas a temas relacionados con los exámenes y los chicos.

Un día, Priscilla empezó a creer que una fuerza sobrenatural movía la aguja de la tabla de la ouija, a través de sus manos y las de su amiga, para formar palabras que preguntaban y respondían.

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“La tabla (el supuesto espíritu que aparecía) me preguntó qué me había pasado en el brazo y de inmediato me dijo que me había golpeado. Mi amiga nunca me vio que tenía un moretón porque yo vestía una blusa con mangas”, recuerda.

Pero  continuó jugando las siguientes semanas hasta que una madrugada, en su dormitorio, donde con su amiga realizaban aquellas sesiones a escondidas de sus padres, ocurrió algo que la impresionó y que influyó para que dejara esta práctica.
“Nos habían dado las dos y media de la mañana jugando y mi amiga salió tan de prisa cuando la vino a recoger su mamá que no pudo cerrar la tabla (terminar la sesión) y la escondió bajo mi cama”, explica ella, aún asustada.

Mientras Priscilla se lavaba las manos vio por el espejo del baño una figura con formas que hasta ahora no puede descifrar y que la hizo caer en estado de pánico. A partir de entonces, sintió durante varios meses una presencia extraña en su habitación.

Su hermano, Xavier (hoy de 31 años), a quien nunca le funcionó el juego de la ouija, asegura que en alguna ocasión escuchó una “voz de ultratumba” tras la puerta del baño.

“Todo se solucionó cuando una tía trajo a un hermano (evangélico) que hizo una limpieza en la casa”, señala Priscilla.

Ahora ella reconoce que los episodios que vivió por jugar la ouija pudieron haberla dañado psicológicamente y recomienda a los más jóvenes no caer en esta práctica peligrosa que es muy común entre adolescentes que la realizan con plumas, papeles o monedas.

“Yo creo que la ouija es una puerta abierta a los espíritus y puede dejar vestigios en el lugar donde se la practique”, dice ella.

CASOS
Chamanga

El pasado mes de enero, en Chamanga, Esmeraldas, 20 jóvenes que supuestamente jugaban a la ouija entraron en un estado de histeria colectiva y aseguraron estar poseídas por el demonio. Incluso, una de ellas, Marcela Quintero Gracia, de 18 años, se suicidó ahorcándose en su domicilio.

Condena
El párroco de la iglesia Cristo Redentor, padre Aníbal Nieto, dijo que la Iglesia Católica condena esta práctica porque se trata de llamar al demonio para que hable.

Internet
Hace un año y medio el sacerdote Nieto asistió a una joven de 18 años con el sistema nervioso alterado por practicar la ouija en internet y  debió ser atendida por un psiquiatra.