En nuestro país se califican las deudas y no a los deudores. Lo efectúan empresas supuestamente especializadas que hacen pronóstico de cobro en base a garantías reales y no al comportamiento de pago del deudor. En la última carta entre el Gobierno y el FMI, nos hemos comprometido a implementar medidas para eliminar la “cultura del no pago”. En Ecuador no existe esa “cultura” sino deudores crónicos, que como estrategia para licuar sus deudas practican el sistema de “no pagar las deudas viejas, y las nuevas envejecerlas”.
En muchos casos, la actitud de los deudores crónicos es facilitada por negligencia de sus acreedores, como ocurrió en la AGD que inventó un juicio colectivo en el que mezcló a deudores crónicos con otros de cuantías insignificantes, y se dio ventaja a los deudores.
Nada extraño sería que en la próxima carta de intención el FMI sugiera la necesidad de retornar a la prisión por deudas, como fórmula de terminar la “cultura del no pago”.
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El pueblo practica la cultura inversa al “no pago”, al extremo de que en su obsesión porque se cobren las deudas, aplaude procedimientos de cobros rudimentarios que a la larga benefician a deudores crónicos.
Dr. Víctor Castillo V.
Guayaquil
La prensa menciona que existen 2.876 personas con las que la banca privada no resuelve las deudas pendientes, en lo referente a los bancos del Progreso y de Préstamos.
Eso demuestra que muchas instituciones han devuelto ya los valores a sus clientes, por lo que la labor de la AGD ha sido destacada para realizar los cobros, lo cual al parecer, no sucede con las personas naturales o jurídicas que se encuentran al frente de la liquidación de lo que fue La Previsora Internacional Bank, y luego Filanbanco Trust, ya que quienes confiamos nuestro dinero a estas entidades no hemos recibido respuesta alguna desde julio del 2001, a no ser una pequeña parte que se nos devolvió, e intereses que nos reconocieron solo durante los primeros meses.
El resto de nuestros ahorros quedó retenido con ofrecimientos de una pronta devolución que hasta hoy no se da. Más preocupante es aún que no se mencionen ya ni siquiera dichas ofertas, pues a los ex clientes no se nos mantiene informados de manera oportuna y clara de las negociaciones de reestructuración para recuperar la cartera y cumplir sus obligaciones.
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Existen personas de la tercera edad que tampoco han podido recuperar sus valores, lo cual es desesperante, pues muchas de ellas vivían de los intereses que les daba su capital, quizás fruto de toda una vida de trabajo. Sería excelente que la gerencia de la AGD fuera colocada para realizar la liquidación de dichas entidades con prontitud, a fin de que quienes depositamos nuestra confianza en esos bancos no sigamos siendo engañados.
Juana Muñoz Robles
Loja













