Desatender las luces del semáforo o no caminar por las zonas de seguridad son casos comunes en la certeza de que es ausente la disposición legal que sancione al irresponsable.
Se unen y multiplican diversos factores para que tal anormalidad no cambie. Si partimos de la convicción de que todos los accidentes se pueden evitar, debe razonarse con más sentido práctico, en el fin de mejorar la conducta social.
No hay algún reglamento juicioso como para que los peatones eviten ser infractores sujetos de sanción.
Habrá que crearlo y darle sentido práctico. Si se pide un Código de Tránsito que tome en cuenta las responsabilidades de los peatones, que no sea un código más de los numerosos que el país tiene sin proyección valiosa.
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Si se reclama a la nueva educación formar desde la escuela al futuro ciudadano que cruzará las calles, es indispensable, para ese fin, unir voluntades de todos los sectores educativos para que la buena intención adquiera realidad.
La principal función correctora y constructiva está en la formación educativa a tiempo.
















