Estos pájaros de EE.UU. llegan entre agosto y septiembre a las lagunas del sureste de Chimborazo.

“A mediados de septiembre se daba el día del tributo sagrado. El cielo se tornaba gris y en los montes, el sonido del viento se opacaba con los aullidos del lobo; el supay (diablo) se quejaba como ashcu (perro). De pronto surcaban el espacio cientos de cuvivíes (aves) con su inconfundible canto de dolor y, en un instante indeterminado, se precipitaban a las heladas aguas en un tributo ancestral, cósmico y misterioso.

“A la mañana siguiente, los campesinos recogían en canastas y costales los cuerpos de las aves suicidas de las orillas de las lagunas del Cuyo, Atillo y Ozogoche”.

Este fragmento del relato que los ancianos indígenas hicieron al guía de montaña Enrique Veloz, refiere lo que hace medio siglo sucedía en esas lagunas del sureste de Chimborazo. Hoy, si bien no aúllan los lobos ni se escucha al diablo, el ritual del suicidio de los cuvivíes se mantiene. El próximo domingo habrá una concentración indígena, un festival folclórico con la participación de artistas nacionales y extranjeros y una exposición de artesanías, hechas por los comuneros de Ozogoche con materiales del páramo.

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Veloz señala que los abuelos de Ozogoche creían que las aves llegaban de los páramos a fines de agosto y todo el mes de septiembre. “Decían que las avecitas llegaban con el frío viento, la niebla y la lluvia, muchas veces acompañados de truenos y relámpagos”.

Los moradores de la zona explican que en la actualidad, por la construcción de la carretera Guamote-Macas y la llegada de personas extrañas al mundo natural del páramo, la presencia de cuvivíes no es tan masiva, sin embargo, ellos aseguran que desde el 15 de septiembre pasado se ha visto a los pájaros en las lagunas interiores del Conjunto Lacustre de Atillo-Ozogoche.

“Estos páramos de paisaje singular seguirán conservando su encanto, sus misterios, sus tradiciones y leyendas. Los cuvivíes seguirán llegando cada año para cumplir con su tributo suicida, porque ellos mueren en septiembre”,  acotó el guía.

Aves de Norteamérica
Enrique Veloz narró que a fines de septiembre de 1993, en un periplo por el complejo montañoso Atillo-Ozogoche se hallaron dos ejemplares de cuvivíes, el uno muerto y el otro agonizante. Se los captó en videos y fotografías y se los entregó al doctor Tiite de Vries, director del departamento de Biología de la Pontificia Universidad Católica de Quito, para su investigación.

El 29 de octubre de 1993, luego del trabajo investigativo, Vries determinó que estas son aves migratorias del norte de Estados Unidos y corresponden a la familia Bartramia Longicauda.

Datos científicos revelan que estas aves, por la fatiga y el calor de su cuerpo, se lanzan en picada a las lagunas de Atillo y Ozogoche para beber y alimentarse, pero como las aguas son tan frías sus organismos se paralizan provocando la muerte instantánea.

Carlos Murillo, promotor de Turismo del Municipio de Alausí, señala que los indígenas del lugar conocen a estos pájaros migratorios con el nombre de cuvivíes por el sonido que emiten durante su tributo suicida en las lagunas sagradas. “Muertas las aves, los pobladores las recogen para su alimentación y manifiestan que su carne es muy sabrosa y apetecida”, dijo.