Enseñar valores. Enseñar que el servicio a los demás es primordial en el día a día de los seres humanos. Suena a utopía, pero es la razón que mueve a la gente que está detrás del Instituto Bahá’í de Capacitación en Recursos Humanos de Otavalo.
Desde allí hay toda una filosofía de estudio (abierta a cualquier ciudadano que desee capacitarse con el fin de servir mejor en sociedad) que busca sembrar el deseo de desarrollar valores espirituales, que a su vez desemboquen en acciones cotidianas de la vida.
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En Otavalo, a través del Instituto, hay círculos de estudio de valores, reuniones de oración, clases de virtudes, que se trasladan fuera del local físico del centro. Las casas de otavaleños, las tierras de los indígenas son sitios para ejecutar los procesos de enseñanza.
El estadounidense Justin Scoggin, miembro de la Junta Directiva Nacional del Instituto de Capacitación, habla de sembrar en el individuo la conciencia de que hay un mundo que se puede mejorar con acciones sencillas. “La visión de que cuando yo hago una cosa buena, eso mejora el mundo”, dice.
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¿Y los valores? Decir la verdad o evitar los chismes son cosas básicas que se enseñan. “Aprendemos que la veracidad es la base de todas las virtudes humanas (...). La importancia de no murmurar, de no ver los defectos de los demás, algo que es como un deporte aquí”.