Por 16 años viví en un departamento pequeño, ubicado en las calles Sucre y Boyacá, hasta que hace 38 años, en 1966, decidí comprar un terreno en Puerto Lisa, lugar que se caracterizó por tener un brazo del estero Salado, donde los pescadores capturaban mariscos para venderlos a los habitantes.
El sector se inició con tres viviendas. Las calles eran de lodo y cuando llovía el estero crecía y el agua entraba a las viviendas.
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Poco a poco ingresaron más personas que adquirieron sus casas a través de la Inmobiliaria Azul, empresa encargada de vender los terrenos de propiedad de Julio Estrada.
Uno de los moradores de un sector aledaño vendía madera y fabricaba botes, que la mayoría de quienes vivíamos aquí los comprábamos para pasear los fines de semana.
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Familias de otros lugares venían para bañarse en el estero que se asemejaba a una playa; fue desde entonces que la gente empezó a invadir Puerto Lisa y algunos iniciaron la construcción de sus casas con caña y madera.
Lamentablemente los invasores ensuciaron el estero con desperdicios y, poco a poco, este se contaminó; sin embargo la actividad pesquera que ejercían algunos de los moradores no se detuvo.
Muchos pusieron su pequeño quiosco para expender mariscos. Donde actualmente se encuentra el parque denominado Puerto Lisa era el sitio de llegada de los vendedores, que traían carbón y mariscos para la gente del barrio y de sectores aledaños.
Después de diez años el barrio empezó a adquirir otra apariencia. Entre todos los moradores organizamos una comitiva y gestionamos con el Municipio y la Empresa Eléctrica el relleno de las calles y la instalación de luminarias.
Cuando Assad Bucaram estuvo de prefecto se encargó del arreglo de las calles y la construcción del parque, que ahora es la principal distracción de quienes vivimos aquí.
En un principio el área de recreación tenía pocas plantas y no ofrecía ninguna diversión, era un lugar donde se reunían jóvenes a fumar, consumir drogas y a beber alcohol.
El parque ahora tiene un óptimo mantenimiento y la gente de la tercera edad aprovecha el sitio para congregarse desde temprano y realizar ejercicios en las canchas deportivas.
Hasta hace poco la delincuencia fue uno de los problemas, pero ahora se ha logrado disminuirla porque nosotros pagamos a un guardia de seguridad.
Nuestro comité es unido y por eso hemos conseguido que el barrio progrese en diferentes aspectos. Otra de las obras que se logró para el bienestar colectivo fue el alcantarillado, ya que al principio se inundaban las calles.
Cuando llovía el agua nos llegaba a la rodilla y teníamos que utilizar canoas. A mis 65 años lo que más extraño es el estero y lo divertido que era pasear por allí en lancha.
Puerto Lisa es tranquilo a pesar de todos los inconvenientes que tuvo en sus inicios.
Ahora tan solo pedimos al Municipio el arreglo de las calles que en el transcurso del tiempo se han deteriorado y ocasionan molestias a los transeúntes y conductores.
En cuanto a la transportación tenemos el inconveniente de que no hay muchos colectivos de la línea 33, una de las más utilizadas.
Los choferes se retiran desde temprano y los moradores no tenemos servicio a partir de las 18h00 y en ocasiones necesitamos salir en horas de la noche y nos resulta imposible.