En Ecuador la Virgen de la Merced ha sido invocada desde el tiempo de la Colonia. En 1851 la Convención Nacional reconoce a la Virgen de la Merced como Patrona y Celestial Protectora de la ciudad de Quito. En 1862 la nueva Asamblea extiende ese patronato a toda la República, reforzándose esa devoción en las provincias del Litoral ecuatoriano, por lo cual ha sido declarada especialmente Patrona de la Conferencia Episcopal Ecuatoriana.













