La gravedad de la rebelión habida en las cárceles fue mayor en Quito. Su punto máximo estuvo en la amenaza de volar con tanques de gas el antiguo penal. Y mantener tras las rejas, en una especie de plagio, a 300 personas.

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Se aceptó lo que reclamaban los amotinados, el sistema de rebaja de la mitad de la sentencia, llamado 2x1. De esta manera, 7.000 presos podrán salir luego de cumplida la mitad de sus condenas.

Pero aparte de eso, lo que debe anotarse con suma claridad es que los internos de los centros penitenciarios han quedado convencidos de su capacidad de presión nacional, de gran alcance.

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Consideremos la amplitud del mecanismo puesto en acción para aterrorizar y hasta poner de relieve sospechas de complicidad de unas cuantas autoridades llamadas carcelarias.

Se confirma la idea de que estamos al pie de bombas de tiempo si verificamos las facilidades que tienen las cárceles para organizar sus rebeliones con modernos medios de comunicación y logística espectacular.

Tómese en cuenta la urgencia de cumplir con las responsabilidades postergadas para hacer de las prisiones centros de reeducación al margen de violencias. Porque estas siguen teniendo en atrasados sistemas de prevención su mejor medio de cultivo.