La obra del ex vicepresidente de la República se presenta hoy en la Casona Universitaria.
En su escritorio ya no tiene una Remington, esa vieja máquina de escribir que sonaba como ametralladora y golpeaba sus oídos cuando movía el espaciador.
Publicidad
Su nueva obra, El Debido Proceso Penal, la escribió en una computadora, aunque de ella no conoce más que es un procesador de palabras.
La felicidad está en un juego de pelota con algunos de sus 14 nietos y nueve bisnietos o en el orgullo que sienten ellos de tener como abuelo a Jorge Zavala Baquerizo (1922).
Está seguro que para el invierno del 2003 terminará su siguiente obra jurídica: El Tribunal Penal Internacional. Es una de sus convicciones como aquella de 1963 cuando prefirió ejercer su profesión de abogado a ser Síndico de la Municipalidad de Guayaquil por más de tres meses. No porque el carácter explosivo del alcalde Don Buca (Assad Bucaram) y el suyo no pudieran congeniar, sino porque sabía que con ese sueldo no sobreviviría. La ley prohibía ejercer la profesión a quienes tenían un cargo de esa clase.
Publicidad
Su obra
Quienes pasaron por sus aulas reconocen a Zavala como el maestro en derecho penal.
Llegó a ser Vicepresidente de la República, legislador, presidente del Congreso Nacional, consejero provincial del Guayas. Pero su gran mérito fue convertirse en el referente obligado en materia penal a partir de los años 60 del siglo pasado y comienzos del actual, incluso para quienes piensan diferente.
El Proceso Penal Ecuatoriano, Delitos contra la Propiedad, Alegatos Penales, La Victimiología..., en las 32 obras jurídicas que lleva escritas, no ha ocultado ni reservado su pensamiento.
La inocencia
En El Debido Proceso Penal replantea el artículo 24 de la Constitución, en el que “se presumirá la inocencia de toda persona cuya culpabilidad no se haya declarado mediante sentencia ejecutoriada”. Sostiene que la inocencia no debe considerarse una presunción sino una condición, derecho primario esencial.
Este planteamiento lo recoge León Roldós, rector de la Universidad de Guayaquil, en el prólogo del libro, que se presenta hoy, cuatro días antes de que Zavala cumpla 80 años de edad. Su vida es de convicciones: democracia, fe y familia.
Democracia
Cuando habla de democracia no puede dejar de mencionar a un antónimo en sus principios: José María Velasco Ibarra, “un tirano”.
En 1968 Velasco ganó la presidencia de la República, pero su compañero en el binomio, Víctor Hugo Sicouret Pazmiño, no alcanzó los votos suficientes. No se votaba en fórmula sino por separado a las primeras magistraturas del Estado. Y Zavala ganó ese puesto.
La Constitución contemplaba como única función para el Vicepresidente reemplazar al Presidente “en caso necesario”. Zavala no estaba dispuesto a ser una figura insignificante: exigió una oficina, de lo contrario colocaría un escritorio en la Plaza de la Independencia, con un cartel de “Vicepresidente del Ecuador”. La oficina la consiguió en el Congreso. Pero en 1970 perdió el cargo, porque Velasco se declaró dictador.
En 1983, se desafilió del partido Liberal y fue diputado por Izquierda Democrática. Años después, sigue considerándose un liberal radical, del liberalismo que evoluciona con la sociedad, “Un liberal puro”, tal vez uno de los últimos.
Jurista
Jorge Zavala Baquerizo nació en Guayaquil el 13 de mayo de 1922.
En 1946 obtuvo el doctorado en jurisprudencia.
Catedrático durante 40 años en las universidades de Guayaquil y Católica.
En 1962 publicó el primer volumen de su obra El Proceso Penal Ecuatoriano.
En 1966 la Municipalidad de Guayaquil le concedió el premio Al mérito Científico.