La Iglesia Católica ha condenado las crucifixiones, a las que considera una representación incorrecta de la fe, pero los funcionarios de Cutud, a 80 kilómetros al norte de Manila, dicen que no las pueden detener.

Cientos de espectadores, entre ellos turistas extranjeros, se reunieron en la calurosa y polvorienta comunidad de Cutud para ver a 17 hombres y una mujer someterse a la dura experiencia. Otros tres hombres también fueron clavados en cruces en la ciudad de Zamboanga.

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La única mujer que se sometió al rito, Amparo Santos, dijo que esta era su décimo quinta y última crucifixión.