El informe confirma básicamente la impresión que todos los expertos habían dado ya como causa del colapso de ambos rascacielos, el fuego que fundió el acero de las estructuras, que no pudieron aguantar el peso.
El primero de los aviones impactó en la torre norte el 11 de septiembre a una velocidad de 782 kilómetros por hora, mientras que el segundo lo hizo en la torre sur a 943 kilómetros por hora.
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Ambos inyectaron unos 38.000 litros de combustible, que en su mayoría se quemaron en el impacto, pero la parte restante se extendió sobre el mobiliario del edificio y causó diferentes incendios, que llegaron hasta los 2.000 grados de temperatura, el equivalente de la energía que produce una central nuclear.
El calor fue tan intenso que en una foto del diario se aprecia una columna de metal fundido que baja por una de las torres y que los expertos creen que podía ser el aluminio de las alas del avión.
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La estructura, preparada para resistir fuertes vientos, no tuvo problemas en redistribuir el peso de las columnas que fueron destruidas por los aviones.
Sin embargo, el incendio que se produjo posteriormente causó la caída de los rascacielos al debilitarse el resto de la estructura.