El sacerdote mantiene fresca la escena de aquel día, cuando a las 09h00 recién iniciaba la atención, en el templo ubicado en Rosendo Avilés y México.

Dos individuos se acercaron a preguntar sobre las misas y matrimonios.

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El sacerdote estaba acompañado de Leonidas Pilalumbo y Andrés Monserrate, ayudantes de limpieza, y Patricia Alvarado Pino, secretaria del despacho.

“Ellos cargaban dos fundas de donde sacaron revólveres y a la voz de hagan lo que le decimos o se mueren, nos encerraron en los baños”, contó el padre Calderón.

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El sacerdote ayer aún tenía las huellas de las ataduras en las manos. En el asalto se llevaron dos copones de metal dorado y plateado con hostias consagradas en su interior, además del dinero que se recolectó en la misa del último domingo.

Lo que más le preocupa al sacerdote es lo que califica como “un sacrilegio cometido contra las hostias que se le ofrece al Santísimo”.

“No les representa nada de valor, solo tiene un sentido espiritual”.

La del jueves es la segunda vez en diez años que como párroco el padre Antonio experimenta el robo.