Por Carolina Sánchez

No tiene montañas rusas, ruedas moscovitas o carros chocones. Se trata de un parque en el que todos los juegos se basan en experimentos científicos en los que las ciencias exactas, como Física, Química y Matemáticas, hacen de las suyas llamando la atención de niños y jóvenes.

Es el Parque Ajá o Parque de la Ciencia de la Escuela Superior Politécnica del Litoral (Espol), campus Prosperina, creado hace 10 años por iniciativa de Margarita Martínez, docente del área de Matemáticas que pertenece a la Facultad de Ciencias Naturales y Matemáticas, junto a alumnos que quisieron montar un parque que vinculara a los niños con la ciencia, pero de una forma divertida y distinta. Ella es la actual asesora de la comisión que aporta con el parque y que está conformada por varios profesores de la universidad.

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El lugar permanece abierto durante todo el año para la visita de cualquier entidad educativa.

La satisfacción que sienten los niños a la hora de resolver un enigma científico se refleja en sus rostros cuando hacen gestos de asombro mientras los guías del lugar les revelan los secretos en cada juego.

Durante la explicación nunca falta uno que intenta resolver el experimento con hipótesis basadas en su imaginación. “Sé lo que debo hacer en este juego, pero no entiendo por qué el pelo se pega a esto, debe ser que en su interior hay un material que lo atrae”, dice Ángela Orrantia, estudiante del colegio Liceo Los Andes, refiriéndose al juego del imán, en el que usando un objeto redondo se puede distribuir el cabello de la figura que está abajo de un vidrio debido a que el material que hace las veces de pelo tiene residuos de metal.

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La perseverancia es clave en los juegos didácticos que los niños toman como retos hasta lograr resolverlos, y la diversión es lo que predomina durante su estadía en el parque. “Nunca imaginé que los números fueran tan divertidos, es la primera vez que vengo a este lugar y todo me gusta y divierte mucho”, dice Salomé Artieda, estudiante del colegio Copol.

Jugar no es lo único que los emociona, la decoración y la forma de los juegos también. Desde la parte de afuera, las grandes parábolas amarillas generan intriga. Este juego se basa en el movimiento de las ondas de sonido; las parábolas hacen las veces de amplificadores y en una distancia de unos 4 metros, entre una y otra, se puede escuchar fuerte y claro lo que dice una persona del otro lado.

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Los focos de colores del túnel de luz los hipnotiza. Ver el reflejo de un sinnúmero de estas fuentes generadoras de luz y determinar cuántas de estas sombras se ven en realidad, es un desafío para ellos, quienes sin mayor complicación responden que se ven ‘sombras infinitas’, acertando la respuesta.

Halar los extremos de una cuerda que tiene un cuadrado de madera en medio para introducir una canica en un orificio sin salir del camino segmentado sobre el aparato de madera, es más difícil de lo que se piensa. Pelotas playeras de todos los tamaños flotando en el aire es lo que genera el blower, un juego en el que se puede desafiar la gravedad con una presión de aire mayor a la de la atmósfera.

“El juego que más me ha gustado es el de la caja mágica porque es muy interesante ver a un cubo flotando cuando en realidad está pegado y eso no se ve”, comenta Anthony Soledispa, estudiante de la escuela Washington Yánez Alomoto.

Los guías siempre están pendientes del desenvolvimiento de los menores durante su estadía en el parque. “No solo velamos por el correcto manejo de los aparatos, también nos preocupamos de la seguridad de nuestros visitantes”, asegura Geovanny Jiménez, voluntario.

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Existen juegos como la cama de agujas o el giroscopio, que requieren de supervisión permanente para garantizar mayor seguridad.

Este lugar permanece disponible de martes a viernes, de 10:00 a 16:00, para las visitas de los colegios. Con un valor de $ 2 para los alumnos y $ 2,50 público mayor; los docentes no pagan. Con una llamada telefónica un día antes, el colegio separa la instalación. Los juegos y experimentos están dirigidos a niños entre 6 y 12 años de edad. Entre los colegios que han visitado el parque están: Americano, Alemán Humboldt, Copol, Liceo Los Andes, Bernardino Echeverría, entre otros. Colegios fiscales, que son apadrinados por colegios privados, no pagan el valor del ingreso.

Al principio este proyecto se presentaba solo en ferias o exposiciones internas de ciencias. Posteriormente se levantó la instalación temporal del parque de la ciencia, ya que el objetivo de la universidad es ampliarlo y crear el primer gran Parque de Ciencias Exactas de la ciudad, “para lo que aún no hay el presupuesto necesario”, dice Vanessa Salazar, directora del lugar.

Todos los juegos que hay son el resultado de proyectos de estudiantes de todas las facultades de la Espol, sobre todo del ciclo básico. “Los niños siempre son reacios a estar en un aula de clases y que les manden deberes y les tomen lecciones, aquí ellos vienen a jugar y a su vez aprenden experimentos científicos con juegos interactivos, es un constante ejercicio mental”, enfatiza la directora.

En el periodo comprendido entre el 2009 y el 2011 el parque estuvo con actividad casi nula, debido a cambios en la directiva. A finales del 2011 se realizó la reapertura del mismo bajo la dirección de Vanessa Salazar, quien primero fue voluntaria.

Los primeros juegos fueron traídos del extranjero por su fundadora. Aquí los alumnos los reproducían en tamaño real para poder ser utilizados en el parque. Habían entre 30 y 40 juegos hechos por los alumnos de todas las facultades. Ahora hay alrededor de 80 entre internos y externos.

La idea de hacer un parque de ciencias exactas surgió hace catorce años, la construcción del lugar se llevó acabo hace diez, a través de un convenio entre la universidad y el instituto VLIR, una unidad belga que financió parte de este proyecto. Luego de varios años pasó a manos de la universidad en su totalidad. “La Espol aporta mucho con el parque, presta instalaciones, cubre el sueldo de guías, directiva y ayudantes. Aproximadamente realiza una contribución anual de $ 35.000 para remodelación y capacitación”, indica Salazar.

Además de la sala interactiva se ofrecen cursos para capacitar a profesores. Una vez al año se realiza el semillero de la ciencia, que es un vacacional que dura cinco semanas y está dirigido a niños. Uno de los próximos proyectos es crear un semillero para adolecentes, jóvenes a partir de los 15 años. Para mayor información: 226-9229.

Exhibiciones interactivas

El Fúnel
Un círculo negro hace las veces de espacio, y dos monedas, que son lanzadas en su interior, simulan ser planetas.

Tortuguímetro
Sin levantar la mano, ni dejar de topar ningún punto señalado, se debe repasar la silueta de una tortuga sin repisar las líneas.

El cine
Simulador de proyector de películas que muestra cómo eran transmitidas las primeras películas de dibujos, a través de imágenes pegadas una junto a la otra. Al momento de girar este aparato se ve la imagen en movimiento.