Las manos le tiemblan a Julio César Calero Garcés cuando se aferra a los tubos de su silla de ruedas en el momento previo a impulsarse para bajar del artefacto. Se sienta al filo de la escalera que une a la planta alta con la vía pública. Respira, fija su mirada en el escalón siguiente y empieza su descenso de una treintena de peldaños.












