La corona de Adviento es un símbolo navideño que tiene un significado muy importante para los cristianos. Las velas representan la lucha por vencer las tentaciones, así como la luz de Cristo que va iluminando las tinieblas del mal, según lo explica Gino Ruggiero, sacerdote de la parroquia San Miguel Febres-Cordero.

Su tradicional celebración viene de Europa, principalmente de Alemania, donde se la realiza desde hace más de 100 años, y que ha sido acogida por Latinoamérica desde hace unos 50 años, según el párroco.

El acto simbólico de encendido de las velas no se realiza en una fecha específica, ya que varía cada año según el calendario, solo debe iniciar cuatro domingos antes de la Nochebuena, el 24 de diciembre.

Qué significa el Adviento para la iglesia católica

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“De tal manera que el día de Navidad las personas han atravesado un proceso de sanación, de transformación y con eso están listas para el nacimiento del niño Jesús, teniendo propósitos y compromisos claros con el santo padre”, dice Ruggiero.

Para José Marroquín, párroco de la iglesia rectoral San Josemaría Escrivá, su significado es importantísimo. “Es prepararse para la venida de Jesús, por eso cada vela representa esfuerzo, reparación, ganas de volver a empezar”, enfatiza el sacerdote.

A más de ser una celebración cristiana que se replica en prácticamente todas las iglesias, también ha sido acogida por las familias quienes la realizan en sus casas, entre familiares y amigos.

Es importante recuperar el verdadero significado de los símbolos navideños. La corona de Adviento es una expresión de fe y esperanza para alcanzar la salvación”, añade Ruggiero.

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“Todos participamos, prendemos la vela, leemos y reflexionamos el evangelio, y ponemos un propósito para la semana. El Adviento es tiempo de reflexión, de preparar mi corazón para la llegada de Jesús”, dice María De San Martín, feligresa. La celebración, en algunas ocasiones, incluye oraciones especiales y canto de villancicos.

“Lo hacemos porque es muy importante preparar el corazón y el espíritu para recibir adecuadamente a Jesús. Es una época de alegría”, dice Mónica de Salvador, otra feligresa. (F)