Monseñor Óscar Arnulfo Romero ofrece la comunión a un miembro de la congregación durante una misa en El Salvador, en enero de 1980, cuando era arzobispo.
Después del asesinato del sacerdote, en marzo de 1980, el pueblo rechazó su muerte y se desencadenó una guerra civil. Romero decía: “Si me matan, resucitaré en el pueblo salvadoreño”.