El pintor guayaquileño Enrique Tábara tiene una constante en su obra: retratar piernas. Esta parte de la anatomía humana responde a su necesidad de representar el único tema que, él asegura, ha plasmado en sus pinturas: el hombre.

“Era eludir el arte abstracto y poner al ser humano en el lienzo, solo que de manera diferente”, expuso el maestro en la rueda de prensa que ofreció el pasado martes con motivo de su muestra Retorno del futuro, que esta noche se inaugura en la Casa de la Cultura, núcleo del Guayas. A esta entidad, el artista donó en 1997 más de cien piezas arqueológicas para la Sala de Orfebrería del museo Carlos Zevallos Menéndez.

La obra de Tábara brilla, así como su lucidez, quien a sus 83 años de edad y más de 60 de trayectoria presenta cuadros que ha elaborado recientemente y otros que datan de hace cinco años y corresponden a su colección. No están a la venta. El artista plástico es investigador, crítico, busca estilos; habló de uno de ellos, los kilométricos. “¿Qué son? Digamos, tú vas a una exposición de arte de diferentes artistas y lo primero que haces es buscar el nombre del artista, cómo se llama el que ha pintado ese cuadro; tienes que acercarte a mirar. En el caso de los kilométricos, lo pongo (al cuadro) a 300 metros de distancia y se puede ver el cuadro, se puede ver que son unas piernas, sabe (el espectador) que es un Tábara”.

La curiosidad del guayaquileño, quien radica en Quevedo, lo ha llevado también a probar otro estilo que lo atrae muchísimo: el deterioro, “someter a tortura” al cuadro que sus manos han pincelado.

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Tábara dijo que en el deterioro puede haber fealdad; no obstante, el autor debe intentar encontrar una belleza en ella, destruir el cuadro, sacarle pedazos. “Es bonito, es como que tú elogias el deterioro, ya no lo vemos feo. Da la impresión de que lo hemos pintado 50 años atrás y que el tiempo lo ha dañado”.

Sobre el nombre de su exposición, Retorno del futuro, podría haber a simple vista una especie de contradicción considerando que Tábara se vincula a lo ancestral para crear y, sin embargo, hace alusión a un después. Con micrófono en mano, reveló el porqué de esta denominación. “Yo quería decir lo siguiente: el futuro del Ecuador, artísticamente, quedó paralizado hace muchos años (...). Yo quisiera que retorne esa idea del futuro que se tenía hace 40 años”, sostuvo. Tábara hizo un llamado al “retorno de la dignidad” y aprovechó para mencionar que la cultura de Guayaquil, por ejemplo, no puede representarse en un mono o una iguana (refiriéndose a estas y otras estatuas sobre animales que se erigen en ciertos sectores de la ciudad), sino en el arte puro de sus creadores locales.

Sobre los jóvenes, comentó que ellos tienen que trabajar mucho, pero que han empezado bien. “Están investigando y el arte es eso, investigación, el arte nunca se queda paralizado en una sola cosa”, señaló.

El maestro no quiso encasillar su muestra dentro de una corriente en particular. Para él no existe otro ‘ismo’ que el facilismo. “Empecemos una nueva etapa en este país, una etapa que la gente pueda definir entre artesanía barata, cosas comerciales de lo que es arte”, pidió Tábara, quien aseguró que fuese feliz si niños se inspiraran en su obra, esa que muestra piernas, elementos originales suyos y que en la década del setenta, según él, aún le parecía a muchos un adefesio.

Un museo en la provincia de Los Ríos, con 5.000 piezas arqueológicas donadas por él, más unas 200 obras de su colección y de otros artistas, es una de las metas que Tábara alcanzará tarde o temprano, aseveró, ya sea por buena voluntad suya o del Gobierno. Sobre lo que le dará a Guayaquil, indicó sonriente, ya lo tienen a él.

La exposición
Retorno del futuro se inaugura hoy, a las 19:30, en la pinacoteca Manuel Rendón Seminario de la Casa de la Cultura, núcleo del Guayas (9 de Octubre y Pedro Moncayo). Permanecerá abierta hasta el 15 de mayo. La muestra es también un homenaje a Rendón Seminario, Araceli Gilbert, Luis Molinari y otros artistas. La entrada es gratuita.

La exhibición reúne 22 obras en óleo y 6 en papel.