Diego se tambalea un poco al caminar. Su madre, Yomaira, le da la mano de inmediato. Él, de 2 años y 7 meses, y ella, de 25, se miran e intercambian sonrisas, mientras la mujer acaricia la pequeña cabeza calva de su hijo, que tiene una cicatriz de 5 centímetros arriba de la nuca.

Al menor le diagnosticaron un tumor cerebral en septiembre del año pasado. Luego de varios exámenes, en menos de una semana, lo intervinieron y extirparon la mitad del tumor.

“Más que la enfermedad, la operación se me hizo más difícil, no sabía cómo iba a salir. Los médicos no me explicaron lo que le iban a hacer”, dice Yomaira, quien sostiene que su hijo no caminaba bien, no escuchaba ni hablaba y presentaba vómito.

Con terapia de lenguaje y física, Diego ya dice algunas palabras, escucha y es más estable al caminar. Actualmente recibe sesiones de quimioterapia, con lo que se espera reducir el tamaño de la otra parte del tumor, para que pueda ser intervenido por segunda ocasión.

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“Espero que sea un niño normal, de a poco, no me desespero, es la voluntad de Dios que mi hijo se esté sanando”, expresa.

Misael, de 9 años, es otro “guerrero que batalla por su vida cada día”, sostiene su madre, Carmen. Al menor le detectaron cáncer en el estómago cuando tenía 7.

“Mi hijo era gordito y rápidamente bajó de peso, pero seguía barrigón. Lo llevé al hospital Guayaquil y me dijeron que tenía el hígado hinchado. Le mandaron unas medicinas, pero no le hicieron nada, él seguía con problemas para respirar y siempre estaba cansado. Así que le hice una ecografía particular y me dijeron que era un tumor del tamaño de una toronja”, recuerda la mujer.

Luego de dos meses de quimioterapia, al menor le extirparon el tumor y el riñón derecho. Durante un año y cinco meses recibió sesiones de quimioterapia. “Él me preguntaba qué tenía y yo no le podía decir; antes de ser operado, el médico le explicó y lo tomó con calma. Solo me preguntó: ¿Y si me muero? Yo contesté que eso no va a pasar y lo abracé”, cuenta.

Actualmente está en controles mensuales, debido a que podría recaer porque el tumor era maligno. Este año cursará el quinto año de básica.

La batalla que enfrentan a diario estos niños se recuerda hoy, en el Día Internacional del Niño con Cáncer.

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En esta fecha es importante recalcar que el cáncer en niños no se puede prevenir, pero sí diagnosticar tempranamente, sostiene Luis Espín, oncólogo pediatra de Solca, y agrega que la leucemia es el mal que predomina en el país y a nivel mundial. El año pasado se registraron 189 nuevos casos de cáncer: 94 por leucemia, 25 cerebrales, 22 linfomas y 49 de otros tipos. En el 2011 se atendieron 194.

Del total de nuevos casos, el 30% llega en etapa terminal, dice el especialista, quien sostiene que las células cancerígenas de los niños son más agresivas que las de los adultos, pero los menores son el 75% más sensibles al tratamiento.

Espín recomienda que en los centros primarios se debe capacitar a los médicos para que consideren al cáncer como uno de los tres posibles diagnósticos para descartar o detectar el mal tempranamente.

En tanto que en el hospital de niños Francisco de Ycaza Bustamante por conmemorarse este día se realiza una caminata en los alrededores del centro y una casa abierta sobre este mal en el área de consulta externa.

En esta casa de salud se inició la atención en oncología en el 2009. En noviembre del 2010 se aperturó un área de hospitalización ambulatoria para los menores que necesitan sesiones de quimioterapia.

En los cuatro años se ha atendido a 7.513 pacientes en oncología. De esa cifra, a 284 se les detectó cáncer en el cerebro, riñón, hígado, ganglios, huesos, entre otros.

En el 2011 se presentaron 25 casos nuevos y en el 2015, 45. Este aumento se debe a la detección precoz, según Doris Calle, oncóloga pediatra del hospital, quien sostiene que las leucemias son las más frecuentes, pero no se tratan en este centro público. Se han detectado 100 casos en los cuatro años y han sido derivados a Solca.

Actualmente, 27 pacientes terminaron su tratamiento y están en controles, mientras que 65 niños reciben sesiones de quimioterapia.

Uno de ellos es Carlos, de quince meses de edad. Mientras él dormía y recibía el tratamiento, su madre Danny, de 37 años, le acariciaba el brazo derecho. “A los seis meses le sentí una masa en forma alargada en el estómago, pero en el dispensario me dijeron que el bebe tenía hígado graso, e incluso le hicieron ecografías y me decían lo mismo. Recién en noviembre le detectaron aquí la enfermedad”, comenta la oriunda de Posorja, quien sostiene que con la quimioterapia, el tumor en el hígado ha disminuido de tamaño en un 50%.

Se espera que hasta fines de febrero baje más para que lo puedan operar, señala Calle.

La especialista agrega que para detectar a tiempo el cáncer, los padres deben llevar al niño a las consultas pediátricas mensuales hasta el primer año y de ahí dos veces por año. La fiebre prolongada, dolor de huesos, anemia, son algunos de los síntomas de alarma de este mal.

En el Hospital del Niño no hay patólogo desde el 2011, por lo que las biopsias se envían a otros centros para su estudio.

En esta casa de salud se proyecta crear un servicio de Onco-Hemato para los menores inmunodeprimidos que se descompensen y necesiten ser hospitalizados. Será una infraestructura de 600 m² que se construirá en la terraza del segundo piso. Se está trabajando en el diseño y se prevé que la obra se inicie a fines de este año, anuncia Xavier Chacón, gerente del hospital.