De no haber fallecido el 23 de diciembre de 1995 el cómico guayaquileño José Antonio Cajamarca Yánez, quien popularizó el sobrenombre artístico de ‘Toñito Pajarito’, hoy hubiera celebrado un siglo de vida.

Estaría rodeado no solo del profesor Lechuga y los alumnos de la Escuelita Cómica, sino de la gente de la farándula que tanto lo admiró y del público de esta ciudad y del país que por décadas siguió sus actuaciones y lo aplaudió sin reservas.

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Toño Cajamarca, el inolvidable actor y cómico que llegó al corazón del pueblo con su arte y legó esa vocación a hijos y familiares para que continúen alegrando y orientando a sus conciudadanos, nació el 29 de noviembre de 1912.

Él se inició en la vida artística cuando tenía 12 años y a poco de participar en una selección de la compañía de teatro infantil, dirigida por Eduardo Beltrán, español, y Clara Ocarrenza de Beltrán, chilena.

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Desde entonces fue parte de representaciones teatrales, audiciones con números cómicos, actos circenses, etcétera. Los viajes y triunfos en escenarios ecuatorianos y extranjeros se repitieron; alternar con colegas de brillante trayectoria le valió para acumular experiencias y también para emprender como empresario en su patria.

En la metrópoli porteña, donde había actuado en obras serias como la Pasión de Jesucristo, Cajamarca resolvió establecer en 1962, con el aval de un similar programa colombiano, la Escuelita Cómica, que captó enorme sintonía y se vio por los canales 2 (Ecuavisa), 4 ( Telecuador) y 10 (Telecentro), y, asimismo, se escuchó por CRE, Mambo, Atalaya, Cóndor, América, Cristal y Tarqui y Gran Colombia, de Quito.

Si bien Toño Cajamarca se hizo conocido antes y después de la mitad del siglo XX por sus papeles teatrales en prestigiosas compañías, su fama creció con la interpretación del inquieto niño vestido siempre de marinerito, que formaba parte de la Escuelita Cómica y cuya imagen aún permanece fresca en incontables vecinos del Puerto Principal, pues hasta sus últimos años de quehacer artístico siguió representándolo.

El querido artista de radio, teatro, televisión y cine, triunfador en el dibujo y la ventriloquia, dejó este mundo hace 17 años, pero su evocación pone sonrisas en quienes gozaron de su arte, que siempre fue espontáneo, sano y divertido.