El Guayas tiene alisios de frescura meciendo los follajes de tus días, tu estero es la crispada arboladura de naves añorando lejanías.
Guillermo A. Rodríguez, guayaquileño.

La apetecida agua de coco
Todavía circulan por calles del centro y suburbio porteño las carretillas empujadas por sus dueños o haladas por burros en las que se vende la sabrosa agua de coco. Este negocio se remonta muchos años atrás y los comerciantes, por lo general, ofrecen las bondades de la fruta trasladándose de una barriada a otra, aunque también hay puestos fijos para los clientes.