“Como si fuera ayer”. Así recuerda con nostalgia Franklin González cuando se sentaba en una banca de madera en una de las aulas del colegio Vicente Rocafuerte, plantel al que –asegura– ingresó por su esfuerzo y mérito académico a los 13 años de edad.
Sus posibilidades económicas eran bajas, pero sus ganas de superación lo llevaron a estudiar en este centro, que se fundó en 1841 bajo el nombre de Colegio del Guayas, mediante decreto presidencial de Juan José Flores, cuando Vicente Rocafuerte ocupaba el cargo de gobernador. Años después (1900) se distinguiría con su nombre.
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“Me siento orgulloso de ser vicentino, de haberme educado aquí y de compartir mis conocimientos”, comenta González, de 64 años, quien ha recorrido durante 52 los pasillos, patios y aulas del plantel, que hoy cumple 170 años de fundación.
“Es como mi segundo hogar”, considera este vicentino de corazón al emblemático colegio, que tiene actualmente 5.864 estudiantes en dos jornadas.
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González señala que la mayor parte de su vida ha transcurrido entre los pasillos y salones de clase: primero como alumno en el periodo 1961-1967, luego como inspector durante cinco años y, posteriormente, como docente de la asignatura Ciencias Naturales.
Actualmente imparte la cátedra de Biología en tercer año de diversificado. “Seguiré trabajando hasta que tenga fuerzas. Todavía tengo mucho que dar”, sostiene, mientras recibe el saludo de tres de sus estudiantes que pasaban por el corredor.
En ese momento hace una pausa, sonríe y dice: “Esta situación me recuerda uno de los momentos más satisfactorios de mi carrera, cuando exalumnos que ya son profesionales se me acercan y me cuentan de sus éxitos. Siento que yo contribuí con un granito de arena”.
Una de las diferencias que encuentra entre el ayer y el hoy es que “antes los chicos venían de hogares donde les enseñaban sobre los valores. Eso se está perdiendo porque la juventud de ahora ha sido descuidada por sus padres, porque ambos tienen que trabajar”, refiere González, quien llegó a ser rector del plantel en 1992.
De pie, junto a la puerta principal de la institución, Ergan Tomalá, de 55 años, recibe desde hace 30 años, a las 07:00, a los miles de estudiantes que llegan a educarse a este establecimiento educativo.
“He visto a miles de niños tímidos en su primer día de clase, los he visto crecer y despedirse cuando terminan el bachillerato”, dice el hombre, quien usa una camiseta roja que tiene en la parte superior derecha el símbolo VR.
Cuando se le consulta sobre lo que significan para él esas iniciales, hace una pausa y confiesa: “Mi familia. Aquí me acogieron y brindaron cariño. Este colegio es parte de mi vida”.
Mientras arregla un asiento dañado del auditorio, Tomalá señala que le ha sido fácil ganarse el respeto y estimación de los estudiantes. “Aquí hay chicos buenos que tienen deseos de prepararse, pero que les falta apoyo de sus familias”, manifiesta.
A pesar de que la mayoría de las veces no recuerda a los ex-alumnos, le da satisfacción cuando lo ven por la calle y lo saludan. “Siento emoción al saber que me estiman con un simple apretón de manos”, señala el hombre, quien desde los 24 años sirve como conserje a esta institución.
Por este emblemático colegio han pasado trece presidentes del Ecuador, entre ellos Carlos Julio Arosemena y Jaime Roldós Aguilera, destaca Carmen López, primera mujer rectora en la historia del plantel. Ella asumió el cargo en el 2009.
Sostiene que uno de los cambios que presentará el plantel para el próximo año lectivo es que volverá a ser mixto, ya que se dio educación a varones y mujeres hasta 1937.
Para celebrar el aniversario, hoy, a las 18:30, se realiza una sesión solemne en el auditorio, evento en el cual la Asamblea Nacional condecorará al pabellón del plantel.