El crecimiento de la ciudad, el ruido y los gases de los vehículos han ahuyentado a las aves, como el papagayo de Guayaquil, que es su símbolo. Pero gracias a los nuevos parques y la arborización, muchas especies permanecen y dan alegría a los vecinos que tienen en los pájaros supersticiones, leyendas y creencias, que forman el folclore mágico.












