José Joaquín de Olmedo muere el 19 de febrero de 1847 en esta ciudad, donde nació en marzo de 1780. La fecha de ahora permite recordar su obra como estadista, forjador de la nacionalidad, poeta y orador. Sus ejecutorias ayudaron a consolidar el nacimiento de la república.
Por su visionaria mentalidad, la Revolución de Octubre de 1820 fue un hecho transformador que superó la elemental proclama independentista y dirigió sus afanes a la liberación total de la Presidencia de Quito, sin olvidar la debida organización que fortalezca el triunfo.
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Olmedo ratificó su visión de líder cuando concretó la convocatoria al Colegio Electoral (noviembre de 1820) en esta metrópoli y con la redacción y promulgación del Reglamento Provisorio de la Provincia Libre de Guayaquil.
Otros testimonios del Olmedo, patriota y estadista, son sus actuaciones diplomáticas, jurídicas y políticas antes de la gesta octubrina, durante la época grancolombiana y los primeros lustros de República. Su pensamiento democrático no pierde vigencia. Lo demostró con la expresión: “En los estados libres, la escritura debe gozar de la justa y natural libertad que en él tienen los que no pueden sufrir bajo el yugo de las leyes”.