Cientos de familias visitaron ayer las tumbas de sus seres queridos en los cementerios General, Ángel María Canals, Jardines de  Esperanza y Parque de la Paz.

Unos oraron por sus almas, otros hicieron peticiones para que ellos cuiden a sus familias, mientras que algunos entonaron sus canciones preferidas y plegarias para recordarlos.

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La asistencia de público en los camposantos fue aprovechada por comerciantes, que ofrecieron flores y platos típicos como la tradicional colada morada.

Con brochas, pinceles y pintura llegó ayer Josefina Pincay, de 67 años, junto con su hijo Daniel Ortega, de 30, a la tumba de su esposo,  Francisco Ortega Rivas, quien falleció en 1999.

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Desde las 09:30, esta familia se dedicó a pintar la tumba que también ha cobijado a sus antepasados. Allí descansan los restos de los padres de Ortega Rivas, Libia Rivas (1985) y Francisco Ortega (1999), y de su bisabuela Carmen Reyes (1953).

Luego de limpiar y arreglar la lápida colocaron  velas y flores en su memoria. Pincay y su hijo rezaron además una oración para pedirles que cuidaran a sus nietos y les dieran fuerzas para seguir visitándolo año a año.

Ese fue el denominador común ayer en todos los sectores del cementerio general, donde la gente tropezaba con las escaleras de pintores que se cruzaban de un lado a otro para pintar o colocar flores.

Uno de ellos, Ezequiel Barco, ofrecía sus servicios por los que cobraba entre  dos y tres dólares, dependiendo de la obra. “El año pasado estuvo mejor, hoy he tenido un cliente”, manifestó Barco a las 10:30; con una lata de pintura en la mano, un pincel en la oreja y dos brochas caminaba entre las cruces y tumbas tratando de localizar clientes.

Mientras, en el altar mayor de la puerta número 1, el sacerdote Michel Charbonneau oficiaba la misa campal que tradicionalmente se celebra en el Día de los Difuntos, pero a ella solo acudieron unas 100 personas. Según los trabajadores del cementerio, mucha gente aprovechó el fin de semana para acudir al camposanto.

José Solórzano, de 72 años, a más de visitar a su abuelita aprovechó el día para improvisar un tour a su hijo Víctor, de 35. Lo llevó al área del cementerio declarada Patrimonio Cultural (por la puerta Nº 3), para explicarle detalles de los personajes.

Ellos visitaron mausoleos y las tumbas de Vicente Rocafuerte, ex presidente del Ecuador; Pedro Menéndez Gilbert, ex alcalde de Guayaquil; e Ismael Pérez Castro, ex director de este Diario. “Hago el recorrido todos los años para que mis hijos sepan que este es un cementerio con historia”, afirmaba  Solórzano.

Uno de los mausoleos considerado dentro de los 592.822 sepulcros que son Patrimonio es el de Federico Goldbaum y su esposa, Julia Morales, que fue visitado ayer por amigos.

 Luis Pacheco, de 66 años, encontró en la lápida de mármol el anuncio de la Junta de Beneficencia en la que convoca a una reunión a sus dueños para hablar sobre el proceso de conservación y regeneración.

Pacheco, quien trabaja para esa familia desde hace 30 años,  desconocía del tema pero dijo que le avisaría.

En otro sector del cementerio general, en la parte del cerro, decenas de familias limpiaban y redecoraban las tumbas de sus parientes. 

Ángela San Lucas, de 42  años, y su hermana Inés, de 36, intentaban hacer lo mismo pero se pasaron dos horas buscando la tumba de su padre, Paulo San Lucas, sin resultados. “Hay muchos sepulcros destruidos, no lo encontramos”, dijo Ángela. 

En el suburbio
Otro cementerio muy concurrido por los guayaquileños  fue el del suburbio, Ángel María Canals. Allí, los visitantes a más de arreglar las tumbas  entonaron las canciones preferidas de sus difuntos.

Ese fue el caso de los esposos Felisa Bermúdez y Wilson Tutivén, quienes les pidieron a los guitarristas Vicente Dávila y Vicente Ponguillo que interpretaran la canción Nadie es eterno para sus hijos Wilson Tutivén Bermúdez y Elías Soledispa Bermúdez. Su padre lloró al recordarlos.

La misma tristeza sintió Margarita Andrade Oviedo, de 82 años, cuando visitó las tumbas de su madre, Isabel Oviedo, y de  sus hijas Ana e Isabel López Andrade. Ella junto con su nieto Víctor Hinostroza López, de 10 años, llevaron un ramo de flores a cada una de las tumbas.

“Aunque ya camino lento, me levanté temprano, a las 07:30, para poder visitarlos”, dijo Andrade Oviedo.

Misas campales
Dos ceremonias por el Día de los Difuntos se realizaron en el cementerio general, a las 09:30 y a las 10:30. En el Ángel María Canals se celebró una misa a las 10:00, al pie de la capilla. En Jardines de Esperanza hubo una a las 10:00 y otra a las 15:00.

En Samborondón
En  Parque de la Paz, ubicado en el kilómetro 13½  (vía a La Puntilla de Samborondón) y en Durán, las misas se celebraron a las 12:30, en Pascuales fue a las 14:30.