Cuantificar las familias que se irán a Petrillo, a 30 minutos de Guayaquil, es cada vez más difícil. Ahora los damnificados por el derrumbe de casas en el estero Salado se multiplican y pugnar por una casa de cemento del Ministerio de Desarrollo y Vivienda (Miduvi) es una opción que llama la atención.
Al principio eran solo ocho familias a las que se les ofreció opciones de vivienda –sea la del Municipio o del Miduvi–, pero ahora de esos grupos salieron más solicitantes.
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De esas ocho familias, solo Glenda Duarte optó por ir a Petrillo y esperar 45 días. Luego se sumaron los que estaban en riesgo y los familiares, que dicen que también vivían en las casas que cayeron al estero.
Luego de cerca de dos semanas de la tragedia, son más de siete familias las que desean una casa de cemento propia y, mientras avanzan los días, la cifra se sigue extendiendo.
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Johanna Ortiz, de 28 años, tiene segura su vivienda en Petrillo. Ella fue una damnificada de la isla Trinitaria, cuya casa se derrumbó días después que las del Salado (15 de febrero).
El resto, las ocuparán allegados de los damnificados, que compartían el techo de un solo hogar, y quienes están en peligro de perderlo en la zona de las calles 26 y la M.
“Es que en una casa vivían como cuatro familias. Ahora todos quieren tener sus viviendas independientes”, dice Duarte.
Señala que, por ejemplo, de la familia Gámez se derivan tres casas: la del padre y sus dos hijos (Cevallos).
Las familias que irán a Petrillo son: Gámez, Duarte, Ortiz, Altamirano y Morán. Duarte agrega que dos compañeras suyas también irán.
Pero hay otra situación que llama la atención a quienes el Municipio ha empezado a reconstruirles sus casas en la 26 y la M. Ellos afirman que el muro de contención reducirá el espacio de sus viviendas, por lo que dudan en quedarse.