Cuando todavía me parece escuchar repicar las campanas de las iglesias de Lavaux para anunciar la buena nueva de que sus viñedos en terrazas entraban en el Patrimonio Mundial de la Unesco en un día radioso y festivo de junio del 2007, nos llega ahora la noticia de que en el pasado mes de julio el comité de Patrimonio de la Unesco decidió inscribir también como valores universales una región suiza de 300 km² situada en la frontera entre los cantones St-Gall, de Glaris, y Grisons, que rodea Piz-Sardona, paisaje geológico altamente tectónico, único en el mundo, debido a la visibilidad del proceso de formación de montañas. Con la flamante inscripción en la lista del patrimonio mundial de la Unesco de este lugar y el de la espectacular línea ferroviaria rética helvético-italiana de la antigua línea Albula/Bernina, son ahora nueve sitios culturales suizos inscritos en el patrimonio de la Unesco entre los años 2000 y 2008. Hoy abordaré únicamente los espléndidos viñedos en terrazas de Lavaux, y les prometo hablarles próximamente de los dos otros. LavauxJunto con delegaciones que sumaban unos 100 corresponsales venidos de todo el mundo, alojados en ciudades que bordean su lago, realicé un periplo de cuatro días en el área vitícola de Lavaux, región de la Suiza francófona que con sus laderas abruptas en terrazas sobre el lago Leman nos hacen recordar los cultivos escalonados de los Andes. La finalidad del viaje era descubrir sus renombrados viñedos estructurados en estas terrazas sobrepuestas que le valieron ser inscritos por unanimidad el 28 de junio del 2007 en el Patrimonio Mundial Natural de la Unesco, originando preparativos para celebraciones que incluían recorridos por un lado, cenas de gala y almuerzos con los viñadores por otro. Lavaux se vistió de fiesta y fue así que tuve la suerte de compartir las festividades con sus habitantes. Repartidos en grupos de quince personas para alternar las visitas en «La ruta del vino», remontamos los viñedos en terrazas construidas a mano en el siglo XII por los monjes cistercianos venidos de la Borgoña francesa. Con una superficie de 898 hectáreas, de cara al fabuloso lago y a un magnífico paisaje de los Alpes franceses, fue durante siglos inspiración de poetas, escritores y fascinación de pintores por la luminosidad del área vitícola, transformándola en un paisaje único modelado por generaciones de viñadores. Dejando escapar libremente mi imaginación, me parece ver aún al escritor Leon Tolstoy errando por los embarcaderos de Montreux. Igualmente, Lord Byron, Víctor Hugo, Alejandro Dumas, Jean-Jacques Roussea, Hans Christian Andersen, Scott Fitzgerald, Ernest Hemingway son varios de los muchos que deambularon por este paraíso enclavado en un marco de vida armonioso adosado a una arquitectura histórica, lo que dio la idea a la Oficina de Turismo local a crear un circuito llamado «La balada de los poetas» con grabaciones que hablan sobre el lugar y narran las épocas en que esos escritores, poetas y artistas lo frecuentaban. Castillo de Chillon, los viticultores y sus vinosComo para seducir a los aficionados exigentes, más de 50 cepas diferentes de vinos son clasificadas en Suiza y en mis charlas con algunos vitivicultores descubrí interesantes temas sobre sus viñedos, y aprecié la pasión que experimentan por sus bien cuidadas parcelas y sus diferentes vinos que tuve la ocasión de degustar con deleite, siendo el Chasselas el principal de la zona. En el corazón de estos viñedos descubrí también el lado humano de sus habitantes que le confirió un encanto único e inolvidable a este recorrido, pues su generosidad y hospitalidad no desmienten su reputación. Con el objetivo de saborear en este paraíso informal platillos deliciosos a base de fórmulas gastronómicas típicas, elaboradas con los productos de la región, hacíamos altos para almorzar en las propiedades de los viticultores, ya sea confortablemente instalados en el interior de esas antiguas y pintorescas arquitecturas de piedra o en una mesa dispuesta en una terraza a la sombra de árboles frondosos, con vista panorámica sobre lago y viñedos. Para nuestros anfitriones que respiran sencillez y alegría de vivir, dentro de una atmósfera convival, un buen vino de su propia cosecha es indispensable para la calidad de vida que pasa también por el placer de la mesa. Breve historia de sus áreas de producciónLutry, Villette, Saint-Saphorin, Epesses, Chardonne y Dézaley, este último el nombre del más importante «grand cru» de Lavaux y el primer viñedo creado, son las seis áreas de producción vinícola de esta región dividida en catorce comunas donde cada una tiene implantada la huella de siglos, empezando por la época romana, aunque de acuerdo con datos arqueológicos se cree que ya anteriormente existieron aquí aldeas lacustres. Pero fue más tarde, en el siglo XII que llegan los monjes cistercianos, quienes al ir mejorando la técnica desde el año 965 de nuestra era dieron nacimiento a vinos suizos magníficos pero únicamente para consumo local debido a su producción limitada. A fin de atraer al visitante hacia las terrazas de Lavaux y degustar sus vinos, las autoridades, dentro de un proyecto de colaboración, enlazaron estas comunas para formar el trayecto actual de 32 km llamado «Al descubrimiento de las terrazas de Lavaux», que va desde el Castillo de Chillon, en las cercanías de Montreux, hasta el Museo Olímpico de Lausanne. Existen dos posibilidades igualmente atractivas de recorrer esta región: en el pequeño tren que parte de la ciudad de Cully, atravesando caminos estrechos con paradas en sus diferentes y típicas bodegas de vino, o en la embarcación suiza que realiza el crucero que comunica las ciudades que se encuentran a orillas del Leman, tomando en cuenta que las terrazas de Lavaux también pueden admirarse desde el lago. Sin la menor duda, en Lavaux la oferta satisface las expectativas más exigentes: naturaleza luminosa y apacible, pequeños caminos que conducen a hermosas y antiguas propiedades disimuladas entre arboledas y follajes entrelazados, cada una con su historia particular, provocando sensaciones agradables generadas en una exitosa combinación de historia, arte, naturaleza y gastronomía, proporcionando a cada lugar de este paraíso helvético su encanto y nombre propio. Castillo de ChillonNingún recorrido es completo en esta región sin una visita al Castillo de Chillon, cuyo nombre viene de Chillond, antiguo dialecto local que significa «colocado sobre la roca». De silueta arrogante, es el monumento histórico más célebre en Suiza, el cual nos transporta del siglo XII hasta el XVI. Construcción iniciada antes del siglo IX sobre fundaciones romanas en un islote rocoso que surge del lago Leman, al llegar la Edad Media los Duques de Saboya lo transformaron en fortaleza y luego en su residencia. En 1803 fue arsenal y prisión, sirviendo de inspiración a Lord Byron para su conocido poema El prisionero de Chillon. El fasto de tres recepciones ofrecidas por las autoridades helvéticas para celebrar la inscripción de Lavaux en la lista del Patrimonio Mundial quedará grabado para siempre en mi memoria: la del Castillo de Chillon, acogidos por un personal vestido a la usanza de la Edad media, seguida de una cena de gala durante un crucero en un buque a vapor con ruedas que nos condujo hasta Lausanne, donde nos esperaba el bus para llevarnos a nuestro hotel de Montreaux. La culminación fue la espléndida cena de gala en Cully, situada en el corazón de Lavaux, que acogió a las centenas de personalidades que llegaron para conmemorar en un acto oficial su nombramiento como Patrimonio Mundial de la Unesco. Montreux, Lausanne y VeveyDentro de las festividades de Lavaux visitamos estas tres ciudades situadas a orillas de la llamada Riviera suiza. Montreaux y Lausanne aparecen con sus hoteles de lujo, escuelas internacionales especializadas, sus museos, fundaciones culturales, proponiendo actividades muy variadas, entre ellas el célebre festival anual de jazz de Montreux con artistas de renombre que atraen miles de espectadores. En Lausanne, capital del Comité Olímpico Internacional y sede del Ballet Bejart, asistimos a una demostración de elaboración de chocolate en la conocida chocolatería Durig, seguida de una degustación. Igualmente, en Vevey, sede mundial de la multinacional Nestlé, visitamos el museo Alimentarium y una antigua chocolatería. Vevey debe en parte su reputación a una celebración que se efectúa cuatro o cinco veces en el siglo, llamada «La fiesta de los vitivicultores», que atrae gente de toda Europa, y a Charles Chaplin, que en 1943 se instala con toda su familia en Ban-a-Circier-sur Vevey. Sus restos, junto con los de su esposa Oona, reposan en el cementerio de Corsier. En 2009 se abrirá un museo sobre su vida y obra en su casa solariega de Ban, donde él vivió los últimos 25 años de su vida. Si bien Suiza es uno de los países que más asociado está al chocolate como parte de tradiciones gastronómicas que marcan su identidad, es también el vino como producto cultural de su actividad ancestral un dominante en esta identidad, sin olvidar el queso, por supuesto. De cierta manera, este periplo fue una iniciación a la degustación de vinos y sin pretender convertirme en consumada enóloga, me acogí al placer del sentido del gusto y del olfato para apreciar con calma su calidad. De hecho, me afirmé más en mi idea que descubrir sitios nuevos en plan de visita no significa saltar de un país a otro en cuatro o cinco días para decir «estuve allí», sino seguir las huellas de su historia, aprendiendo a conocer su gente y experimentando el cotidiano del presente.