Su idea de que la mujer debe tener una apariencia impecable, “porque no hay mujer fea sino descuidada o sin dinero”, la llevó a inscribirse en el curso –de un año– en la Fundación Oscus. Allí aprendió todo lo relacionado con la cosmetología, especialmente el maquillaje.

Sus buenas calificaciones le permitieron convertirse también en maestra y voluntaria de este organismo. Asegura que Dolores R. Sopeña es una influencia en toda la familia Sopeña (los estudiantes y voluntarios), porque despierta en ellos el sentido de la solidaridad y la ayuda desinteresada.

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Revela que la satisfacción más grande que tiene cuando culmina un curso –del que ella ha sido maestra– es ver a la mayoría de sus alumnas graduadas y con el ímpetu de luchar y convertirse en personas productivas para la sociedad.

“Muchas de ellas (alumnas) salen de la fundación con la convicción de instalar un gabinete de belleza o de trabajar en alguno”, refiere.

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Con una sonrisa que demuestra gratitud hacia la institución donde se capacitó, asegura que en el centro aprendió –entre otras cosas– a ver la necesidad de los demás y a tenderle la mano al que más lo necesita.