Para muchas personas llegar al mercado Caraguay, ubicado en el barrio Cuba (al sur de la ciudad), más que una necesidad es una tradición.
Ruth Mendoza, de 42 años, ama de casa, vive en Pichincha y Aguirre, sin embargo, para realizar las compras cada semana toma un bus que la deja cerca de este centro de abastos.
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El olor a mariscos se mezcla con el trajinar de la gente que todos los días ingresa a este sitio para adquirir legumbres, frutas, lácteos, hortalizas, pero en especial pescado.
Varias carretillas dentro de este mercado se movilizan con grandes cargamentos del marisco, los cuales son recogidos en los muelles Artesanal y el de la Isla Puná, ubicados en la parte posterior del mismo.
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Alcívar Ponce, de 60 años, es comerciante desde 1984. Recuerda que antes de ser mercado era la Feria Caraguay, donde se presentaban artistas como Daniel Santos y también se organizaban corridas de toros.
Ponce trabaja en el puesto Nº 135 y se dedica solo a la venta de pesca blanca (corvina, picudo y robalo).
Pero, ¿de dónde nace el nombre de Caraguay? Según Hugo Balladares, administrador del establecimiento, fue tomado del desaparecido programa radial ‘Caravana Radial Guayaquil’, del cual fueron seleccionadas sus primeras sílabas (Ca-Ra-Guay).
Esta plaza está compuesta de dos etapas: la primera, que la integran 720 puestos y 1.200 comerciantes minoristas que laboran desde las 06h00 hasta las 16h00; y, la segunda, que la conforman 90 puestos y 180 comerciantes mayoristas que trabajan de 20h00 a 06h00.
María Franco, de 52 años, es otra comerciante. Lleva cuatro años vendiendo mariscos, trabaja desde las 04h00 hasta las 14h00, todos los días.
Menciona que de la venta diaria obtiene entre 200 y 300 dólares, pero los días que no son ‘buenos’ –según ella–, solo gana 100 dólares.
Janina Pisfil, ayudante de María Franco, es una experta en el expendio de camarones. “Los hay de muchas clases: el juvenil, small, pomada, langostino, grande, pelado y más”, refiere.
Desde este centro de acopio, comenta Hugo Balladares, se distribuye mariscos a toda la provincia.
“A diario se desembarca entre 90 y 120 toneladas”, indica Balladares.
Alcívar Ponce interviene en la explicación de Balladares y dice que la pesca depende de las fases de la luna.
“Si es noche de clara el pescado se ahuyenta, pero si es noche de oscura entonces sí hay buena pesca porque el pescado no ve bien”, señala Ponce, quien además asegura que “una buena pesca depende también si la marea está alta o baja”.
Competencia
Tanto Ponce como Balladares comentan que en época de Navidad y fin de año la venta del marisco baja un poco porque las personas prefieren comer pollo, pavo y cerdo.
“Para poder competir con las aves hay que bajar el precio de los mariscos. Muchos aprovechan esta oferta y cenan cangrejos, camarones y pescado’, manifiesta Ponce.
En los muelles, alrededor de 120 canoas prestan el servicio de transporte no solo a los pescadores, sino a las personas que habitan en los recintos La Salina, La Roma, Santa Rosa, Chupadores Grandes, Los Cerritos, Santa Rosa, Buena Vista, El Conchal, San Vicente, Santo Domingo, y otros, que están asentados en las orillas del río Guayas.
Trasladarse hasta esos sectores en canoa demora de dos a tres horas, solo de ida.
Para Manuel Carvajal, de 25 años, piloto de la embarcación Tatiana, no es nada raro transportar a más de personas, muebles, racimos de verde, artefactos eléctricos, cartones con diferentes productos y hasta un saco lleno de coloridas pelotas, tal y como sucedió a pocos días de la Navidad.
Inés Alvarado, ama de casa de 46 años, visita pasando un día el mercado Caraguay.
Ella reside en la E 115 y Robles (al sur) y ha hecho comparaciones de precios, calidad y atención en otros centros de abastos.
“Vengo acá porque los precios son asequibles, el pescado es fresco y la gente (vendedores) es cordial”, añade.
Servicios
Aquellas personas que compran en grandes cantidades tienen dentro del mercado el servicio que prestan las 60 carretillas, cuyo valor oscila entre $ 0,20 y $ 0,25 para cargar los productos.
Además, para seguridad de los usuarios este recinto cuenta con diez guardias distribuidos en el interior y exterior de la plaza.
El mantenimiento del mercado está a cargo de 22 personas, quienes al igual que los expendedores llegan en las primeras horas de la mañana.
En la parte lateral de este centro también hay puestos de venta de comida, cuya especialidad es la preparación de mariscos: encebollado de pescado, pescado frito con arroz y salsa, cebiches y otros.
Con sorpresa, Mariuxi Aristega, de 28 años, observaba toda la instalación.
Ella es la primera vez que visita el lugar y al abandonarlo salió conforme.