Seguir a Jesús, pero por el camino que Él mismo recorrió

1.– El mensaje de la Palabra de Dios
La reacción de Pedro indica que su comprensión del misterio de Jesús es aún imperfecta, pues ve a Jesús como Mesías glorioso.

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Las palabras de Pedro, como las de Satanás, quieren impedir que Jesús realice su vocación de Hijo obediente al Padre.

Jesús rechaza la actitud de Pedro al pedirle que abandone el camino de la cruz, y le dice: “Ponte detrás de mí”, que es el lugar del discípulo frente al maestro.

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2.– ¿Qué compromiso nos pide el Señor?
Aceptar el discipulado de Cristo sin condiciones. Cargar la cruz es asumir las exigencias del seguimiento de Cristo.
Jesús subraya que el camino de la liberación es el camino de la cruz, que destruye el pecado en su raíz (Puebla 278).

No hay liberación sin seguimiento de Cristo, que es el maestro que señala la tarea.
El protagonista de la religiosidad popular es el hombre que intenta utilizar a Dios, poniéndolo a su disposición, para arrancarle los milagros que necesita.

El esquema de la fe es totalmente diferente: el protagonista es Cristo, y Él es el que llama y el que da la tarea. El creyente responde aceptando la llamada y poniéndose a disposición del Señor. Reza para conocer la voluntad de Dios y pide valentía para poder realizar la tarea.

Tomar la cruz es poner nuestra cuota de trabajo, de entusiasmo y de esfuerzo, para vivir nuestra vida según el proyecto de Dios, para ser protagonista del Reino.

Al final de la vida no cuenta lo que uno tuvo, sino lo que uno hizo: la alegría de sentirse realizado como persona y la felicidad creada a nuestro alrededor.

3.– ¿Cuál es mi respuesta, hoy?
* Hacer una lista de las tareas que más me cuestan, o los que más descuido, para tomar la decisión de hacerlas a tiempo y de hacerlas bien.
* Si no soy una persona responsable y seria en mi  trabajo ¿qué debería hacer?
* Tomar la cruz del deber, ¿cómo explicaría esto yo a un niño, o a un joven?

Lectura del Santo Evangelio según San Mateo
En aquel tiempo, comenzó Jesús a anunciar a sus discípulos que tenía que ir a Jerusalén para padecer allí mucho de parte de los ancianos, de los sumos sacerdotes y de los escribas; que tenía que ser condenado a muerte y resucitar al tercer día.

Pedro se lo llevó aparte y trató de disuadirlo, diciéndole: “No lo permita Dios, Señor. Eso no te puede suceder a ti”. Pero Jesús se volvió a Pedro y le dijo: “¡Apártate de mí, Satanás, y no intentes hacerme tropezar en mi camino, porque tu modo de pensar no es el de Dios, sino el de los hombres!”.

Luego Jesús dijo a sus discípulos: El que quiera venir conmigo, que renuncie a sí mismo, que tome su cruz y me siga. Pues el que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por mí, la encontrará. ¿De qué le sirve a uno ganar el mundo entero, si pierde su vida? ¿Y qué podrá dar uno a cambio para recobrarla?

Porque el Hijo del hombre ha de venir rodeado de la gloria de su Padre, en compañía de sus ángeles, y entonces le dará a cada uno lo que merecen sus obras”.

Palabra del Señor
Asamblea: Gloria a ti, Señor Jesús.