Cien años después, la Iglesia canonizará a dos pastorcitos de Fátima
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El lobo se apresta a comer su cena, sopa de verduras y suspira: “Ojalá tuviera una ovejita, la comida que me gusta”. Tocan a la puerta de su casa, es… una ovejita.
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Utilizo la palabra santos, en esta ocasión, para referirme a aquellos que, según la Iglesia católica, han merecido tal designación, más allá de sus defectos y pecados, por sus virtudes y buenas acciones en beneficio de los demás, particularmente de los pobres y necesitados.
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