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Alfonso Oramas Gross

La reciente crisis binacional entre Venezuela y Colombia ha permitido que se ponga en serio cuestionamiento la posibilidad de la Patria grande, en referencia a ese sueño ideal... Leer más


Opinión

Editorial

5 de Septiembre, 2015
El secretario jurídico de la Presidencia de la República dio por terminado el roce con el arzobispo de Guayaquil, de quien dijo: “Hasta vemos al obispo de Guayaquil, insolente recadero de la derecha, que a nombre propio dice que el Gobierno no dialoga. Él es el que debe dialogar con los homosexuales que dice que no sirven para nada”. Se refería a lo expresado por el arzobispo en una entrevista de televisión, cuando al comentar sobre el diálogo convocado por el Gobierno dijo que debe “recuperar credibilidad”. El presidente anunció en su intervención del sábado que había presentado una carta de protesta al nuncio apostólico, porque está prohibido por el “derecho canónico el involucramiento, peor de obispos, en política”. La Conferencia Episcopal emitió un comunicado en el que respaldaba al arzobispo y expresaba que esperaba disculpas, puesto que para la Iglesia es una ofensa lo dicho por el secretario jurídico de la Presidencia, quien dialogó con el presidente de la Conferencia Episcopal y dio por terminado el incidente, pero no presentó la disculpa solicitada por los obispos y por muchos católicos. En este Gobierno se ha pedido más de una vez y en algunas sentencias se ha incluido la obligación de pedir disculpas a quien se considera ofendido, por lo que llama la atención que un alto funcionario no lo haga en un caso que lo atañe directamente. (O)

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