Santiago Martín, sacerdote y escritor español, comenta (en YouTube) la situación venezolana como indescriptible, intentando resumir así el sufrimiento por la falta de libertad, seguridad y comida. Él observó –como muchos– las crueles agresiones a dos adolescentes por agentes del Estado y también se percata del cómplice silencio internacional ante la dictadura de Maduro, de la inoperancia de la OEA y la ONU.
El clérigo se pregunta qué ocurre dentro de la Iglesia, pues salvo los obispos venezolanos –como el cardenal Urosa–, que valientemente arriesgan su integridad física en defensa de su pueblo, muchos obispos latinoamericanos y el Celam (Consejo Episcopal Latinoamericana) no demuestran su solidaridad. Insiste: “Por qué este silencio… y también podemos decirlo de otras instancias de la Iglesia…”.
Coincidimos con sus preocupaciones y decepciones. Fuera de Venezuela existe muy poca condena ante verdaderos crímenes de lesa humanidad allí cometidos; y, los líderes de América Latina evidencian que carecen de compasión. Ciertos personajes, antes defensores de los derechos humanos, ahora se lavan las manos. El popular Pepe Mujica, a quien le sobró lengua para referirse a la FIFA como “una manga de hijos de puta” (porque sancionaron a un futbolista de la selección uruguaya), sin embargo, solo dice que no es mago para ayudar a resolver el conflicto venezolano. Antes había expresado que Maduro está “loco como una cabra”, aunque le tiene un gran respeto...
Maduro tuvo la audacia de vincularse al mensaje de invitación al diálogo del santo padre, para intentar disuadir la protesta. Afortunadamente, religiosas como Angelis Cupu y sacerdotes en los púlpitos no se lo permiten. Ella y otras monjitas salieron a las autopistas de Caracas a protestar contra un gobierno chavista que durante 18 años “ha borrado de nuestra historia la prosperidad, el avance. Queremos un cambio para nuestro país, que haya abastecimiento, salud, calidad de vida, que vuelvan todos los venezolanos que se han ido, que cese la represión” (La Nación). Como superiora de un colegio en Caracas, denunció que es “cuesta arriba” educar en la Venezuela de hoy: “El sistema nacional… obliga a bajar el nivel, porque al Gobierno no le interesa tener un pueblo instruido”. Los padres de sus alumnos no los envían a estudiar porque no tienen comida que darles.
Lo cierto es que la mediación del Vaticano entre el oficialismo y la oposición resultó estéril. El balance de las protestas hasta ayer era de 29 muertos, más de 440 heridos y casi 1.300 detenidos. Las víctimas mayormente se atribuyen a grupos chavistas civiles armados, mientras que los que protestan están desarmados. Amnistía Internacional denunció graves violaciones de derechos humanos en Venezuela y eso no es poca cosa. Entonces ¿por qué el silencio de Latinoamérica? Nos sumamos a las preguntas del religioso español: ¿Es que una parte del dinero que entra por el petróleo está utilizándose para comprar silencio? ¿O tal vez la dictadura chavista es realmente comunista y por ello se le permite todo?
Las dictaduras sanguinarias, de derecha o de izquierda, no admiten silencios cómplices. Como lo recuerda el padre Martín, las injerencias humanitarias multinacionales en países en situaciones límite, como Somalia, fueron bendecidas por el Vaticano y san Juan Pablo II… seguramente, el papa Francisco lo considerará. (O)









