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La bonanza desperdiciada

En medio de una recesión, luego de un año de estancamiento económico (2015, 0,2%) y uno de contracción económica (2016, -2,2%), y con proyecciones de cuatro años más de crecimiento negativo (2017-2020), el Gobierno hace campaña para mantenerse en el poder hablándonos de una “década ganada”. Pongamos en perspectiva el boom petrolero que acabamos de atravesar.

Según estimaciones de Pablo Arosemena y Pablo Lucio Paredes (ajustando para la inflación y la población), desde que se inició la explotación petrolera en el país (1972) hasta el 2006 “los ecuatorianos recibimos por petróleo (en dólares de hoy) USD 434 por año y por habitante, desde el 2007 llegamos a USD 955 [en 2016]... Este Gobierno ha administrado el 22% del tiempo en que hemos tenido petróleo, pero en este periodo el país ha recibido el 49% del total de esos ingresos”. El Gobierno ha percibido mucho más ingreso petrolero que cualquier gobierno anterior y vale recordar que las administraciones inmediatamente anteriores, con la economía ya dolarizada, dieron como resultado una tasa de crecimiento promedio similar. Entre 2000 y 2006, sin bonanza petrolera, la economía creció en promedio 4,2%, lo mismo que durante la bonanza entre 2007 y 2014. Antes de la bonanza, la pobreza caía, incluso a un ritmo mayor que durante esta.

Aquí cabe resaltar algunas diferencias importantes. En el periodo pre “Revolución Ciudadana” la economía andaba bien mientras se reducía el endeudamiento público y con un gobierno mucho más austero que el de hoy. Según cálculos de Arosemena y Paredes: “Entre 2008 y 2016 la deuda externa habrá aumentado de 8.000 a cerca de 28.000 millones de dólares”. En cambio, entre 2000 y 2006 la deuda pública se había venido reduciendo, de 28,7% del PIB a 17,6%. Esto ha llevado a que el Gobierno, contradiciendo su discurso político, desde 2014 gaste más en honrar la deuda pública que en educación y salud.

En el periodo inmediatamente previo a la bonanza, tampoco crecía el Estado de manera vertiginosa. Para que tengan una idea de cómo ha crecido el gasto público, lo que el Estado ecuatoriano gastaba en 2006, $ 11.879 millones, es casi igual a la brecha de financiamiento de este año (la diferencia entre los ingresos totales del Estado y lo que gastó, $ 10.128 millones hasta noviembre de 2016). Imagínese con esa necesidad de financiamiento las diabluras que hubiera hecho el Banco Central del Ecuador con moneda propia...

El gasto público llegó a la cima de $ 44.346 millones en 2014 o 44% del PIB. Según cifras del INEC analizadas por Cordes, el empleo público ha pasado de 460.128 a 717.125 (un incremento de ¡56%!) personas durante los años de la llamada “Revolución Ciudadana”, que más bien debería recordarse como la “Revolución Burocrática”.

Sin bonanza petrolera, con una deuda pública en declive y un gasto público mucho más bajo que el actual, la economía ecuatoriana crecía a un ritmo saludable mientras se reducía la pobreza. En esta última década hemos presenciado cómo aun teniendo la suerte de gozar de una bonanza petrolera, el Gobierno ha logrado la increíble proeza de llevarnos a una recesión de por lo menos media década, mientras que la deuda pública se dispara y el gasto público se mantiene en niveles históricamente altos e insostenibles. (O)

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