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Verónica Coello Moreira

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El acuerdo con la UE

En medio del mar de problemas que ahogan a los ecuatorianos: desempleo, corrupción, delincuencia, inseguridad jurídica, despilfarro de fondos públicos, el papelón diplomático con Assange, y plagas similares, el Gobierno ha anunciado la buena noticia de que a mediados del próximo mes el Ecuador firmaría el acuerdo comercial con la Unión Europea del que se había venido hablando desde hace algún tiempo acá.

Debe recordarse que fue en 2007 –hace nada menos que nueve años– cuando la Unión Europea lanzó su iniciativa para negociar un acuerdo comercial con la comunidad andina (Colombia, Ecuador, Perú y Bolivia). Las negociaciones arrancaron con mucho optimismo. En 2009, sin embargo, el Ecuador (al igual que Bolivia) decidió retirarse de dichas negociaciones. Fue una lamentable decisión en la que pesó –como en muchas otras cosas– la influencia del líder venezolano Hugo Chávez. Irónicamente, ni la economía venezolana ni la boliviana son economías que hayan tenido una vocación histórica exportadora como la nuestra. Es por ello que para Evo y para Chávez el acuerdo con Europa no les iba ni les venía. Pero para Ecuador, un acuerdo como ese era y es de vital importancia.

Por su parte, Colombia y Perú continuaron por su lado las negociaciones con los europeos hasta que en 2012 llegaron a un ambicioso acuerdo comercial, el cual entró en vigencia en 2013. Fue recién en 2014 cuando el Ecuador mostró interés en negociar un acuerdo comercial similar. Al parecer, la corriente más modernizante dentro del régimen habría logrado desplazar a las voces más recalcitrantes que favorecían una economía cerrada. Pero para entonces al Ecuador no le quedó sino adherirse o acceder al tratado ya celebrado con Perú y Colombia. Comenzar a negociar un nuevo acuerdo era imposible.

Cierto es que el actual gobierno ha logrado introducir modificaciones al convenio que reflejen sus intereses, pero en realidad esas modificaciones no constituyen una separación significativa del texto matriz ya firmado por nuestros vecinos. De hecho, esas modificaciones han sido introducidas mediante la incorporación de notas al pie de página nomás. Probablemente, de habernos quedado en la mesa de negociaciones en 2009 hubiésemos podido acomodar mejor nuestras realidades económicas a las exigencias de la Unión Europea.

A diferencia de otros países de la región, como es el caso de Chile, por ejemplo, el Ecuador no tiene experiencia con acuerdos comerciales del tipo del que vamos a firmar con la Unión Europea. En consecuencia, la experiencia que hemos ido acumulando con este acuerdo va a ayudarnos con otros en el futuro. Como es un tratado, sus normas prevalecen sobre leyes, reglamentos, ordenanzas, etc., internos. Ello, sin perjuicio de la obligación que tiene el país de ajustar su legislación interna al acuerdo. De hecho, el proceso de implementación puede tomar años.

Para nuestro país la firma de este acuerdo comercial es de suma importancia. La Unión Europea constituye nuestro segundo socio comercial, luego de los Estados Unidos. Hemos perdido preciosos años, y el daño infligido a la economía fue significativo. Ahora miremos adelante. (O)

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